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Ruta por el Pirineo de Huesca en 7 días: nuestro viaje en coche

En la boca española del túnel de Somport había un semáforo en rojo y una fila de coches parados. No sabíamos si era lo habitual o si aquel día había obras, pero durante un buen rato solo pudo pasar el tráfico que venía de Francia. Cuando nos tocó, cruzamos ocho kilómetros bajo la montaña y salimos al otro lado con un paisaje más verde, nubes bajas y lluvia a ratos.

Fue solo un momento dentro de un viaje de siete días, pero resume bastante bien lo que encontramos en el Pirineo de Huesca: pasos de montaña que durante siglos comunicaron España y Francia, fortalezas construidas para controlar el territorio, carreteras que hoy sustituyen a antiguos caminos y pueblos que fueron vaciados por proyectos de embalses.

Hicimos el viaje en un mes de julio en coche desde Madrid y con dos bases: tres noches en Aínsa y otras tres en Jaca. Viajábamos con nuestros dos hijos, de 9 y 11 años, y no pretendíamos completar todas las rutas de montaña de la zona. Preferimos combinar naturaleza, pueblos, historia y algún rato de piscina.

Esta fue nuestra ruta por el Pirineo de Huesca en 7 días, con lo que más nos gustó, lo que salió regular y todo lo que se quedó pendiente.

Nuestra ruta por el Pirineo de Huesca en 7 días

DíaRecorridoKm aproximadosConducción aproximada
1Madrid, Huesca y Aínsa510 km6 h
2Aínsa, Pineta, Gistau y Aínsa135 km4 h
3Aínsa, Torla, Bujaruelo, Añisclo y Aínsa170 km4 h
4Aínsa, Barbastro, Alquézar, Huesca y Jaca200 km4 h
5Jaca, Piedrafita, Panticosa, Lanuza y Jaca135 km2,5 h
6Jaca, Somport, Oloron, Canfranc y Jaca170 km3,5 h
7Jaca, Rapitán, Santa María de Huerta y Madrid500 km6 h

En el Pirineo, los kilómetros engañan. Un trayecto de 40 kilómetros por una carretera de montaña puede llevar bastante más de lo previsto.

La ruta en pocas palabras

  • Duración: 7 días y 6 noches.
  • Punto de partida: Madrid.
  • Bases: 3 noches en Aínsa y 3 en Jaca.
  • Tipo de viaje: ruta en coche por el Pirineo de Huesca, con una escapada a Francia.
  • Ritmo: moderado. Hay días completos, pero también reservamos tiempo para descansar.
  • Principales visitas: Huesca, Aínsa, Pineta, Gistau, Plan, Ordesa, Torla, Bujaruelo, Añisclo, Alquézar, Jaca, Piedrafita, Panticosa, Lanuza, Canfranc y Oloron-Sainte-Marie.
  • Lo que más nos gustó: la carretera entre Fiscal y Aínsa junto al Ara, Ordesa, Añisclo, el ibón de Piedrafita y Aínsa.
  • Lo que quedó pendiente: Graus, ibón de Plan, Cola de Caballo completa, pasarelas de Alquézar, valles de Ansó y Hecho, San Juan de la Peña y castillo de Loarre.

Elegir dos bases fue uno de los grandes aciertos del viaje. Nos permitió conocer valles bastante alejados entre sí sin tener que cambiar de alojamiento cada noche. A cambio, algunos días acumulamos más carretera de la que parecía sobre el mapa.

Dónde nos alojamos

En Aínsa estuvimos tres noches en el Hotel Peña Montañesa, situado a unos dos o tres kilómetros del centro. Las habitaciones eran muy amplias, había aparcamiento gratuito, una piscina enorme y un spa bastante completo. El agua de la piscina estaba fría, pero después de una jornada de montaña se agradecía igualmente. El desayuno era correcto, aunque algo más limitado que el que encontramos después en Jaca.

En Jaca elegimos el Aparthotel Jacetania, situado a las afueras pero a pocos minutos en coche del centro. Solo utilizamos la cocina una noche. El resto preferimos cenar en el restaurante del hotel o salir por Jaca. El desayuno nos pareció muy bueno y completo, y también tenía piscina y spa.

En los dos casos, disponer de piscina fue más importante de lo que habíamos previsto. Después de varias horas caminando o recorriendo carreteras de montaña, los niños tenían su propio plan.

Día 1: Madrid, Huesca y Aínsa

Huesca, una parada antes de entrar en el Pirineo

Desde Madrid fuimos directamente hasta Huesca para comer. La autovía hace que sea una parada cómoda y, en nuestro caso, preferimos dejar Zaragoza para otro viaje.

Aparcamos en la zona de la universidad y caminamos hasta la plaza de la Catedral, donde se encuentran la catedral y el ayuntamiento. La catedral estaba cerrada y no pudimos entrar, algo que nos dejó una impresión algo incompleta de la ciudad. Aun así, continuamos por el convento de San Miguel, San Pedro el Viejo, la plaza López Allué, los Porches de Galicia y algunos restos de la muralla.

Huesca fue conquistada por Pedro I en 1096, tras la batalla de Alcoraz. La ciudad pasó entonces a formar parte del reino de Aragón y adquirió una importancia política que todavía puede rastrearse en su patrimonio. En San Pedro el Viejo están enterrados Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

Es una ciudad pequeña y con un casco histórico bastante concentrado, por lo que se puede recorrer en poco tiempo. No fue uno de los lugares que más nos impresionaron durante el viaje, pero funcionó bien como primera parada antes de entrar en las montañas.

De Huesca a Aínsa por el valle del Ara

Después de comer seguimos hacia Sabiñánigo y tomamos la carretera en dirección a Fiscal.

A partir de ahí comenzó uno de los mejores tramos de todo el viaje. La carretera entre Fiscal y Aínsa sigue el río Ara, con muchas curvas y un paisaje que se va cerrando progresivamente. Pasamos por Lacort, Jánovas y Boltaña antes de llegar a Aínsa.

Jánovas merece una explicación. El pueblo quedó afectado por el proyecto de construcción de un embalse en el río Ara y las expropiaciones comenzaron en los años sesenta. La población fue desapareciendo poco a poco y en 1984 fueron desalojadas las últimas familias. La presa nunca llegó a construirse y actualmente el pueblo se está recuperando.

Íbamos disfrutando de la carretera sin conocer bien la historia del lugar. Después de saber lo sucedido en Jánovas, el paisaje ya no se contempla exactamente de la misma forma. Sigue siendo precioso, pero resulta difícil no pensar en todo lo que se perdió para construir un embalse que nunca llegó a existir.

Primera tarde en Aínsa

Llegamos al hotel, descansamos y bajamos a la piscina antes de acercarnos a Aínsa. Aparcamos junto al castillo, donde había que sacar un ticket en el parquímetro. A esa hora no tuvimos problemas para encontrar sitio. No recordamos el importe exacto, pero nos pareció razonable.

Subimos al castillo, recorrimos la plaza Mayor y seguimos por las calles del casco antiguo hasta los miradores sobre el Cinca.

Aínsa nos gustó desde el primer momento. Es turístico, está lleno de tiendas y restaurantes y resulta difícil encontrar un rincón tranquilo en pleno verano, pero el conjunto de piedra, la plaza porticada y el castillo tienen mucho encanto. Puedes leer nuestro artículo con el recorrido completo por Ainsa, como si estuvieras en el siglo XI.

Cenamos en la plaza Mayor. No fue precisamente una experiencia solitaria ni especialmente auténtica, pero después del viaje desde Madrid y de aquella carretera junto al Ara, era justo el tipo de final que queríamos para el primer día.

Día 2: Pineta y el valle de Gistau

Pineta y nuestra ruta equivocada

El segundo día fuimos al valle de Pineta, uno de los sectores del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. La carretera desde Bielsa hasta el fondo del valle es muy sinuosa, pero el paisaje acompaña durante todo el recorrido. Llegamos hasta el Parador y el aparcamiento desde el que parten varias rutas.

Antes de empezar a caminar preguntamos en la oficina de turismo qué recorrido podíamos hacer con niños. Nos recomendaron los Llanos de Lalarri, pero una riada había destruido meses antes un puente y era necesario seguir un camino alternativo.

Comenzamos a caminar entre árboles y agua y, en algún momento, perdimos el recorrido. Había unas escaleras que nos parecieron bastante complicadas y, como nos habían dicho que la ruta era fácil, pensamos que no podían formar parte del camino.

Seguimos entonces otro sendero en dirección a la cascada del Cinca.

Estuvimos caminando unas dos horas y no completamos la ruta. Con los niños no se nos hizo larga, y el paseo nos gustó. El problema fue más nuestro que del camino: salimos convencidos de que sabríamos reconocer el desvío y no teníamos realmente claro dónde se encontraba.

Si vais a hacer la ruta de los Llanos de la Larri, preguntad exactamente por el recorrido que debéis seguir y por las escaleras antes de empezar. A nosotros ese detalle nos habría ahorrado buena parte de la confusión.

Valle de Gistau y Plan

Desde Pineta nos dirigimos hacia el vecino valle de Gistau por otra carretera llena de curvas y buenas vistas. Llegamos hasta la zona del mirador de la Cruz de Puyadase y después bajamos a Plan para comer. Comimos muy bien y nos habría gustado seguir hasta el ibón de Plan, uno de los lugares que llevábamos apuntados desde antes del viaje.

Sin embargo, la ruta a pie era demasiado larga para nuestros planes de aquel día y la alternativa de subir por una pista forestal en coche obligaba a ir despacio. Después de la confusión de Pineta no nos pareció el mejor momento para improvisar otra excursión. Así que el ibón de Plan quedó pendiente.

Regresamos al hotel, disfrutamos de la piscina y cenamos allí. Esa noche hubo una gran tormenta, con rayos y truenos que nos despertaron. Las tormentas nocturnas fueron bastante frecuentes durante el viaje, aunque tuvimos suerte y apenas interfirieron en nuestras visitas.

Día 3: Ordesa, Bujaruelo y Añisclo

Este fue uno de los días más completos de la ruta y, visto con perspectiva, quizá también uno de los que intentamos abarcar demasiado.

Torla y la Pradera de Ordesa

Repetimos la carretera hasta Fiscal y continuamos hacia Torla pasando por Broto. Allí existe una ruta corta hasta la cascada del Sorrosal que nosotros no hicimos. Madrugamos porque sabíamos que el aparcamiento de Torla se llena pronto y conseguimos sitio. Es público y gratuito.

Antes de coger el autobús merece la pena detenerse en el propio aparcamiento. Desde allí se tiene una de las mejores vistas de Torla, con el pueblo en primer plano y las montañas detrás. Compramos los billetes para subir a la Pradera de Ordesa y tomamos uno de los primeros autobuses. En julio no tuvimos que esperar demasiado.

La carretera hasta la pradera impresiona, pero el sistema está muy bien organizado. Los autobuses ocupan prácticamente toda la calzada y los conductores se van avisando cuando tienen que apartarse para poder cruzarse.

La Cola de Caballo con niños

Desde la Pradera comenzamos la ruta de la Cola de Caballo. No sabíamos si los niños aguantarían todo el recorrido, así que decidimos avanzar sin convertir el final de la ruta en una obligación.

Llegamos hasta las primeras cascadas y allí dimos la vuelta. En total recorrimos unos ocho kilómetros. El tramo que hicimos era cómodo, tenía poco desnivel y atravesaba un paisaje precioso. Además, nos encontramos por casualidad con algunas de las personas que habíamos visto el día anterior en Pineta.

No completar la Cola de Caballo no nos dejó sensación de fracaso. Al contrario. Fue una de las decisiones que mejor funcionó durante el viaje: caminamos lo suficiente para disfrutar de Ordesa y regresamos antes de que los niños empezaran a estar realmente cansados.

Bujaruelo

Volvimos en autobús a Torla y comimos allí. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se creó en 1918 para proteger el valle de Ordesa. En 1982 se amplió para incorporar otros espacios, entre ellos los valles de Añisclo y Pineta. Recorrer varios de sus sectores en el mismo viaje permite comprobar lo diferentes que son sus paisajes.

Por la tarde fuimos hasta el puente de San Nicolás de Bujaruelo. No hicimos ninguna ruta larga. Nos limitamos a ver el puente y disfrutar del paisaje. Hay un camping, se puede aparcar bien y el último tramo es una pista de tierra que pudimos recorrer sin problemas.

El lugar está relacionado además con uno de los antiguos pasos entre España y Francia, un tema que volvió a acompañarnos durante otros momentos del viaje.

El cañón de Añisclo

Después nos dirigimos al cañón de Añisclo. Los aparcamientos son pequeños y no sabíamos si encontraríamos sitio, pero conseguimos aparcar junto a la ermita de San Úrbez.

Hicimos un recorrido corto. Hay rutas más largas que se internan en el cañón, pero a esas horas no queríamos añadir otra caminata importante. El paisaje nos impresionó. Las paredes del cañón, el río y la carretera encajada en la montaña hacen que incluso una visita breve merezca mucho la pena.

Regresamos a Aínsa por la HU-631, que había estado cerrada por las lluvias y acababa de reabrir cuando estuvimos nosotros. Si queréis recorrerla, comprobad antes su estado, ya que un temporal puede obligar a cerrarla de nuevo. Cenamos otra vez en la plaza Mayor y nos despedimos de Aínsa.

Día 4: Barbastro, Alquézar y Jaca

Barbastro

Dejamos Aínsa para trasladarnos a Jaca y aprovechamos el camino para visitar Alquézar. Antes pasamos por Barbastro. No disponíamos de tiempo para conocer la ciudad con calma, así que hicimos una pequeña ruta panorámica en coche y vimos principalmente la catedral.

Sinceramente, Barbastro fue una parada prescindible dentro de nuestro itinerario. Si repitiéramos el viaje, la eliminaríamos para dedicar más tiempo a Alquézar o llegar antes a Jaca. Graus, que se encontraba relativamente cerca, quedó pendiente.

Alquézar

En Alquézar tuvimos que buscar un poco para aparcar, pero finalmente encontramos sitio en uno de los aparcamientos habilitados. Recorrimos el pueblo, sus calles y sus miradores a pesar del calor.

Alquézar nació como una fortaleza musulmana levantada en el siglo IX. Su nombre procede del árabe al-qasr, que significa castillo o fortaleza. Los cristianos la conquistaron en el siglo XI y sobre aquel recinto se levantó posteriormente la colegiata de Santa María la Mayor, que domina todo el conjunto.

La colegiata nos gustó mucho. También nos llamó la atención la iglesia de San Miguel Arcángel y su interior. Las pasarelas del río Vero quedaron para otra ocasión. Con aquel calor preferimos no añadir una ruta más. Si volviéramos, llegaríamos a primera hora de la mañana para poder hacerlas con una temperatura más razonable.

Llegada a Jaca

Por el calor tampoco nos quedamos a comer en Alquézar. Bajamos hasta Huesca, comimos allí y retomamos la autovía hacia Sabiñánigo y Jaca. Llegamos al hotel, fuimos a la piscina y descansamos.

Compramos algo de comida en un supermercado y cenamos en el apartamento. No hicimos nada más. Después de tres días bastante completos, nos pareció mejor descansar que intentar encajar otra visita solo para aprovechar unas horas más. Desde el día siguiente visitaríamos los alrededores de Jaca.

Día 5: valle de Tena, Piedrafita, Panticosa y Lanuza

El tren turístico y el ibón de Piedrafita

Desde Jaca nos dirigimos hacia el valle de Tena pasando por Biescas. Llegamos a Piedrafita de Jaca y compramos los billetes del tren turístico que sube hacia el ibón. Como todavía faltaba aproximadamente una hora para nuestra salida, aprovechamos para recorrer el pueblo.

El tren asciende por una pista forestal con buenas vistas hasta una parada situada por encima del ibón de Piedrafita, desde la que se veían incluso algunos neveros. Allí nos bajamos y dimos un pequeño paseo junto a las vacas que estaban pastando.

Después volvimos a subir al tren y, durante el descenso, hizo otra parada a unos 300 metros del ibón de Piedrafita. Desde allí caminamos hasta el ibón y regresamos después al punto donde nos esperaba el tren.

Fue uno de los lugares más bonitos del viaje. El tren permite disfrutar de un paisaje de montaña sin tener que realizar una gran caminata desde abajo, algo que dentro de nuestra ruta con niños funcionó especialmente bien. Desde el ibón se puede continuar hasta el Arco de Piedrafita, pero nosotros no llegamos a verlo.

Balneario de Panticosa

Para comer buscamos un restaurante en Google Maps y terminamos en uno de carretera en dirección a Panticosa. Fue uno de esos aciertos improvisados que a veces se recuerdan más que los sitios buscados con antelación. Comimos muy bien y la pareja que lo llevaba fue especialmente amable con nosotros y con los niños. También nos dio algunas recomendaciones para continuar el día.

Después fuimos hasta Panticosa. Aparcamos junto al balneario y paseamos alrededor del ibón de los Baños, observando las cascadas que bajan de la montaña.

Las aguas termales de Panticosa ya eran conocidas y utilizadas en época romana. Junto al manantial de Tiberio se han encontrado monedas de los reinados de Augusto y Tiberio.

Lanuza

Desde Panticosa fuimos hasta Lanuza, junto al embalse. La imagen del pueblo desde la otra orilla es probablemente una de las más conocidas del Pirineo aragonés. Dentro del núcleo urbano hay menos que ver de lo que podrían sugerir algunas fotografías, pero el conjunto merece la parada.

Su historia es además bastante particular. Las expropiaciones relacionadas con el embalse comenzaron en 1961 y los últimos vecinos abandonaron Lanuza en 1978. El embalse llegó a inundar parte del antiguo núcleo, pero muchas casas quedaron fuera del agua. En los años noventa, los antiguos vecinos comenzaron a recuperar y rehabilitar las propiedades que no habían sido inundadas. Por eso Lanuza no es actualmente un pueblo fantasma, sino un pueblo recuperado.

Nosotros disfrutamos más de la imagen exterior que del paseo por sus calles. No significa que no merezca la pena entrar, pero la vista desde la otra orilla fue, con diferencia, lo que más nos gustó. Muy cerca se encuentra Sallent de Gállego, que ya conocíamos de otro viaje realizado al regresar de Lourdes.

Jaca y la Ciudadela

Volvimos a Jaca, descansamos un rato y después bajamos al centro para visitar la Ciudadela y la catedral. Llegamos cuando faltaba poco para cerrar y la entrada tenía una tarifa de última hora, así que decidimos aprovecharla.

Felipe II ordenó construir la Ciudadela de Jaca a finales del siglo XVI, con proyecto del ingeniero italiano Tiburcio Spannocchi, como parte del sistema defensivo frente a Francia. Su planta pentagonal y sus baluartes siguen siendo uno de los mejores ejemplos españoles de arquitectura militar de aquel periodo.

Actualmente alberga el Museo de Miniaturas Militares, con una colección de más de 30.000 figuras. A los niños les gustó bastante más de lo que esperábamos. A veces las visitas que se incluyen pensando en los adultos son precisamente las que más terminan sorprendiéndolos.

Después cenamos en Jaca y regresamos al hotel. Puedes leer nuestro artículo con la visita completa a Jaca.

Día 6: Somport, Francia, Oloron y Canfranc

El túnel de Somport

Subimos por el valle del Aragón y pasamos por Canfranc sin detenernos, porque queríamos dejar la visita para el regreso. En la entrada española del túnel de Somport tuvimos que esperar varios minutos ante un semáforo en rojo.

El túnel mide 8.608 metros, se inauguró en 2003 y permite cruzar directamente hacia Francia sin tener que ascender al puerto de Somport. Al otro lado, el paisaje cambió casi de inmediato. Encontramos más humedad, nubes bajas y lluvia intermitente mientras continuábamos por las carreteras francesas hacia Oloron-Sainte-Marie.

Oloron-Sainte-Marie

Aparcamos sin dificultad y recorrimos la ciudad a pie. Vimos la catedral, subimos hasta el barrio de Sainte-Croix por unas cuestas bastante pronunciadas y llegamos a la iglesia. La subida costó, pero las vistas compensaron el esfuerzo.

Después bajamos hacia Sainte-Marie y cruzamos los puentes sobre el río. Oloron tiene una historia curiosa. La ciudad actual nació en 1858 de la unión de dos núcleos que habían sido rivales, Oloron y Sainte-Marie. Su catedral forma parte de los Caminos de Santiago en Francia reconocidos por la UNESCO.

Después descubrimos algo que no sabíamos antes de ir: allí se encuentra la única fábrica de Lindt en Francia, con una tienda de fábrica abierta al público. Nos encanta el chocolate y no la visitamos.

No hay una gran lección viajera detrás de aquello. Simplemente no lo sabíamos y nos enteramos demasiado tarde. Desde entonces intentamos revisar mejor este tipo de pequeñas visitas antes de llegar a un destino.

Canfranc y su estación internacional

Regresamos por la misma carretera y paramos en Canfranc. La estación internacional es uno de esos edificios que invitan a sacar fotografías continuamente. Resulta fácil imaginar cómo debía de ser llegar en tren atravesando todo el valle.

Se inauguró el 18 de julio de 1928 y durante décadas fue uno de los grandes puntos de conexión ferroviaria entre España y Francia. El diferente ancho de vía obligaba a cambiar de tren y, durante la Segunda Guerra Mundial, la estación fue además un punto de paso especialmente relevante.

Actualmente, el edificio histórico alberga el Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel, gestionado por Barceló y abierto desde enero de 2023. Cuando realizamos nuestro viaje ya funcionaba como hotel. También existe una nueva estación ferroviaria en servicio.

Para conocer el interior del edificio histórico se organizan visitas guiadas desde la oficina de turismo de Canfranc. Duran aproximadamente una hora y conviene reservar. Terminamos el día en la piscina y el spa, cenamos en el hotel y preparamos las maletas.

Día 7: Fuerte de Rapitán, Santa María de Huerta y Madrid

Fuerte de Rapitán

Antes de abandonar Jaca todavía nos quedaba una última visita. Subimos hasta el Fuerte de Rapitán, situado a unos diez minutos en coche del centro por una carretera de curvas que ya forma parte de la experiencia.

No pretendíamos realizar una visita larga. Fuimos principalmente para contemplar las vistas sobre Jaca y buena parte de la comarca. El fuerte forma parte del sistema defensivo levantado en el siglo XIX para proteger la frontera pirenaica. Las obras comenzaron en 1884 y desde allí se vigilaba la entrada al valle del Aragón.

Tiene además una curiosidad relacionada con nuestra visita del quinto día: la colección de miniaturas militares que vimos en la Ciudadela se expuso originalmente aquí antes de ser trasladada a su sede actual. Después emprendimos el regreso hacia Madrid.

Monasterio de Santa María de Huerta

Nuestro plan inicial incluía una última parada en el castillo de Loarre, pero estábamos cansados y decidimos dejarlo para otro viaje. Fue una decisión sensata. Habríamos llegado tarde, cansados y con la visita convertida en una obligación.

De camino a Madrid, nos desviamos en Soria para visitar el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. Se encuentra junto a la A-2, a unos 175 kilómetros de Madrid, por lo que encaja bien como parada para interrumpir el viaje de regreso.

El monasterio se fundó en 1162 y uno de sus principales atractivos es el refectorio del siglo XIII, una gran sala cuya bóveda se sostiene sin columnas. Si queréis parar, calculad entre una y dos horas y comprobad los horarios antes de ir, ya que existe un cierre al mediodía.

Fue una buena forma de terminar una semana en la que habíamos combinado montañas, pueblos, fortalezas y patrimonio.

Qué nos quedó pendiente

Siete días permiten conocer bastantes lugares del Pirineo de Huesca, pero no todo. Tampoco creemos que deba intentarse.

En la zona de Aínsa quedaron pendientes Graus, el ibón de Plan y la ruta completa de la Cola de Caballo. También volveríamos a Pineta para hacer correctamente la excursión de los Llanos de la Larri.

En Alquézar nos gustaría recorrer las pasarelas del río Vero, preferiblemente a primera hora para evitar el calor.

En la zona de Jaca dejamos fuera los valles de Ansó y Hecho y San Juan de la Peña.

Para el regreso a Madrid descartamos finalmente el castillo de Loarre.

No nos preocupa demasiado. Intentar incluir todos esos lugares probablemente habría empeorado el viaje.

Viajar al Pirineo de Huesca con niños

Nosotros hicimos esta ruta con nuestros dos hijos, que tenían 9 y 11 años en el momento del viaje. La clave fue no plantear todos los días como una excursión de montaña.

Alternamos rutas a pie con pueblos, visitas culturales, desplazamientos en coche y piscina. En Ordesa, por ejemplo, no nos obsesionamos con completar la Cola de Caballo. Cuando vimos que ya habíamos caminado suficiente, dimos la vuelta.

En Pineta nos equivocamos precisamente por no conocer bien el recorrido y terminamos haciendo una ruta más larga de la prevista. El tren de Piedrafita fue una buena solución para disfrutar de la montaña sin tener que completar una caminata larga desde el pueblo.

También fue un acierto elegir hoteles con piscina. Después de varias horas en el coche o caminando, los niños tenían un plan que les apetecía y nosotros podíamos descansar.

Si viajáis con niños, no intentaríamos recorrer todos los valles en una sola semana. Es mejor dejar lugares pendientes que convertir cada día en una competición por llegar al siguiente punto.

Información práctica para organizar la ruta

¿Cuánto cuesta el autobús de Ordesa y cómo funciona?

En verano, el acceso en coche a la Pradera de Ordesa está restringido. Hay que estacionar en el aparcamiento público y gratuito de Torla y subir en el autobús del parque. Las fechas, horarios y precios cambian según la temporada, por lo que conviene comprobar la información oficial del año del viaje.

Cuando realizamos nuestra ruta, el billete de ida y vuelta costaba 5 euros para adultos y el trayecto sencillo, 3 euros. En 2025, las tarifas publicadas pasaron a 6 euros para la ida y vuelta y 4 euros para el trayecto sencillo.

Existen tarifas reducidas y para los niños más pequeños es gratis. También conviene revisar el horario del último autobús de regreso. Nosotros madrugamos y cogimos uno de los primeros autobuses. En julio no esperamos demasiado, aunque en agosto puede haber más presión sobre los accesos.

¿Cuánto cuesta el tren de Piedrafita?

Las tarifas eran de aproximadamente 18 euros para adultos y 12 euros para niños de 4 a 8 años. Pueden cambiar, por lo que conviene comprobar el precio vigente y la tarifa aplicable a cada edad.

Las salidas se realizan a horas fijas. Nosotros compramos los billetes aproximadamente una hora antes y aprovechamos la espera para recorrer Piedrafita de Jaca.

¿Cuánto cuesta visitar la Ciudadela de Jaca?

El Museo de Miniaturas Militares se encuentra dentro de la Ciudadela y se visita con la entrada general al monumento.

Las tarifas cambian y hemos visto precios diferentes según la fuente consultada, por lo que recomendamos comprobar el importe vigente en la web oficial. Nosotros llegamos poco antes del cierre y aprovechamos una tarifa de última hora.

¿Hace falta reservar para visitar Canfranc?

Si queréis realizar una visita guiada al interior de la estación histórica, es recomendable reservar. Las visitas son organizadas por la oficina de turismo de Canfranc, duran aproximadamente una hora y tienen aforo limitado.

El edificio histórico alberga actualmente el Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel. Junto a él hay una nueva estación ferroviaria en funcionamiento.

Existe además un tren turístico, el Expreso de Canfranc, que circula entre Jaca y Canfranc en determinadas fechas. Conviene consultar su calendario y sus precios antes de organizar el viaje.

¿Se puede hacer esta ruta sin coche?

Es posible visitar algunos lugares sin coche, pero no recomendamos prescindir de él para reproducir nuestro itinerario.

El autobús de Ordesa permite acceder a la Pradera desde Torla y Canfranc cuenta con conexión ferroviaria desde Zaragoza. Sin embargo, el coche resulta mucho más práctico para combinar Pineta, Gistau, Añisclo, Alquézar, Piedrafita y el resto de los puntos de la ruta.

¿Cuál es la mejor época para hacer esta ruta?

Nosotros viajamos en julio y, en general, nos funcionó bien. Tuvimos bastante calor durante algunas visitas, especialmente en Alquézar, y varias tormentas nocturnas. En montaña, el tiempo puede cambiar rápidamente, por lo que conviene comprobar el estado de carreteras, caminos y accesos antes de salir.

Las condiciones meteorológicas pueden afectar a puentes y carreteras. Nosotros lo comprobamos indirectamente en Pineta y en la HU-631, que acababa de reabrirse tras permanecer cerrada por las lluvias. En agosto hay que contar además con una mayor afluencia y más presión en accesos como el de Ordesa.

Lógicamente si vas en invierno el tipo de viaje que harás será completamente diferente debido a las nieves invernales.

¿Se puede visitar Ordesa con niños?

Sí, pero no es necesario completar la ruta hasta la Cola de Caballo. Nosotros recorrimos aproximadamente ocho kilómetros entre ida y vuelta y llegamos hasta las primeras cascadas. El tramo que hicimos era cómodo y tenía poco desnivel.

La clave fue decidir sobre la marcha hasta dónde continuar, sin plantear la Cola de Caballo como una meta obligatoria. Desde la Pradera parte también un sendero adaptado para personas con movilidad reducida.

¿Dónde dormir en el Pirineo de Huesca?

Para esta ruta, nuestra experiencia fue positiva tanto en Aínsa como en Jaca. En Aínsa valoramos disponer de aparcamiento, habitaciones amplias, piscina y spa. En Jaca nos gustaron especialmente el desayuno, la piscina y la posibilidad de llegar al centro en pocos minutos en coche.

Si viajáis con niños en verano, nosotros priorizaríamos un alojamiento con piscina. Después de un día de montaña se agradece mucho más de lo que parece al reservar.

Lo mejor y lo peor de la ruta

Lo mejor

  • El tramo de carretera entre Fiscal y Aínsa siguiendo el río Ara.
  • La primera llegada a Aínsa por el castillo y la entrada en la plaza Mayor.
  • Ordesa, incluso sin completar la ruta de la Cola de Caballo.
  • El cañón de Añisclo.
  • El ibón de Piedrafita, una de las sorpresas del viaje.

Lo peor

  • Perdernos en Pineta y acabar haciendo una ruta más larga de la prevista.
  • El calor de Alquézar.
  • Descubrir que Lanuza nos gustó más contemplada desde fuera que recorriendo sus calles.

Qué cambiaríamos si repitiéramos el viaje

En Pineta preguntaríamos desde el principio por el camino exacto hacia los Llanos de la Larri y por las escaleras del recorrido. A Alquézar intentaríamos llegar a primera hora o al final de la tarde y haríamos las pasarelas del río Vero.

Eliminaríamos Barbastro del cuarto día para dedicar más tiempo a Alquézar o llegar antes a Jaca. También añadiríamos un día más para conocer el ibón de Plan sin prisas.

Conclusión

Cuando nos detuvimos ante el semáforo rojo del túnel de Somport, esperando nuestro turno para cruzar a Francia, todavía no éramos conscientes de todo lo que conectaba aquel trayecto con el resto del viaje.

Durante siete días habíamos pasado por castillos construidos para proteger antiguas fronteras, caminos que comunicaban España con Francia, una ciudadela levantada para defender el territorio y una estación ferroviaria que durante décadas enlazó ambos países. También conocimos lugares marcados por decisiones mucho más recientes.

Jánovas perdió a sus vecinos por un embalse que nunca llegó a construirse. Lanuza sí vio desaparecer parte de su antiguo núcleo bajo el agua, aunque muchas de sus casas terminaron recuperándose décadas después.

Toda esa historia está mezclada con carreteras de montaña, bosques, ríos, pueblos de piedra y rutas que no siempre salen como uno había planeado. Nosotros llegamos buscando una ruta en coche por el Pirineo de Huesca y terminamos encontrando algo más que una sucesión de paisajes.

Cuando regresamos a Madrid todavía quedaban fuera el ibón de Plan, Ansó, Hecho, San Juan de la Peña, las pasarelas del Vero y el castillo de Loarre. Podríamos haber intentado incluir alguno más. Pero después de siete días entendimos que el Pirineo de Huesca no es un lugar para verlo todo de una vez. Es un lugar al que volver.

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