Este viaje de 7 días por Asturias fue especial por varios motivos. Era nuestro segundo viaje a Asturias pero esta vez íbamos con nuestros dos hijos, que todavía eran muy pequeños. También era nuestro primer viaje largo en familia, así que no sabíamos muy bien cómo iba a funcionar pasar una semana fuera de casa, haciendo excursiones todos los días y recorriendo Asturias en coche.
Decidimos alojarnos las siete noches en Oviedo y utilizar la ciudad como base para nuestras excursiones. Desde allí visitamos Somiedo, la costa central y occidental, Avilés y Gijón, e incluso nos acercamos hasta Galicia para conocer la Playa de las Catedrales. El problema fue que habíamos preparado el viaje pensando en el buen tiempo y la lluvia nos obligó a cambiar los planes en varias ocasiones.
Aquí contamos aquella semana tal y como la vivimos: lo que visitamos, las excursiones que tuvimos que improvisar y las cosas que hoy haríamos de otra manera. Porque una de las principales lecciones de aquel viaje fue que en Asturias conviene llevar una ruta preparada, pero también estar dispuesto a cambiarla según el tiempo que haga cada mañana.
Antes de empezar: cómo organizamos el viaje
Por qué elegimos Oviedo como base
Nos alojamos siete noches en el mismo sitio y salimos cada día de excursión. Con niños tan pequeños, no hacer y deshacer maletas cada mañana marca la diferencia. Su situación nos permitía llegar con bastante facilidad tanto a la costa como a la montaña, y eso nos dejaba cambiar de plan según el tiempo.
Además, Oviedo tenía todo lo que necesitábamos con niños: un centro comercial cercano para las compras y un Casco Antiguo por el que pasear cada tarde. Es una de las ciudades que más nos gustan de España, y donde siempre estamos muy a gusto.

Viajar a Asturias en coche desde Madrid
Por comodidad y libertad de movimientos utilizamos nuestro coche para ir desde Madrid hasta Oviedo y después para movernos por Asturias haciendo todas nuestras visitas. Con dos niños pequeños, esa libertad de horarios pesa más que cualquier otra ventaja: paras cuando toca, cambias de plan sin depender de un horario y llevas la cuna y los carritos sin pensarlo. El viaje desde Madrid nos llevó unas seis horas, incluida la parada para comer.
Nuestro primer Airbnb
También fue la primera vez que nos alojamos a través de la plataforma Airbnb. Siempre nos gusta reservar el alojamiento a través de la página hoteles.com, pero en esta ocasión decidimos no ir a un hotel, ya que al ir con dos niños tan pequeños el precio era mucho mayor, además de los inconvenientes que supone. En un piso íbamos a estar mucho mejor.
Y así fue: acabamos muy contentos tanto con el piso como con la anfitriona, que estuvo siempre pendiente de que no nos faltara de nada. Aun así, no hemos vuelto a alojarnos de esta manera: hoy nos sigue pareciendo mucho más cómodo un hotel.
Lo que aprendimos del clima en Asturias
Ya sabéis que en Asturias el tiempo es muy inestable y cambiante, por lo que lo mejor es mirar la predicción cada día. Y además verlo en varios lugares, ya que puede que llueva en la costa y haga sol a pocos kilómetros, en la montaña. Nos pasó el día que fuimos a Somiedo. Hubo varios días de lluvia, y el viaje funcionó porque cambiábamos de plan cada mañana.
Tres ejemplos de visitas que surgieron por el tiempo:
- Somiedo: llovía en la costa, pero en el parque iba a hacer un día estupendo.
- Museo del Jurásico: el viaje estaba programado para la parte occidental, pero la predicción del día 3 no indicaba ningún lugar con sol, así que nos adentramos en el oriente con un lugar cerrado.
- Tazones: tras una visita panorámica a Lastres bajo la lluvia, milagrosamente dejó de llover justo al llegar.
Aquello nos enseñó que en Asturias conviene tener claro qué quieres visitar, pero no necesariamente qué vas a visitar cada día.
Nuestro itinerario de 7 días por Asturias
Día 1. Llegada a Oviedo y primera toma de contacto
A pesar de ir con dos niños el viaje fue muy tranquilo, llegando a Oviedo alrededor de las 13h, cuando nos recibió la anfitriona para darnos la bienvenida al piso y enseñarlo. Acabamos muy contentos tanto con el piso como con ella, ya que era muy educada y siempre estuvo pendiente de que no nos faltara de nada.
Tras descansar, montar la cuna y preparar todo nos fuimos hasta un centro comercial cercano para comprar comida y otras cosas que nos hacían falta, y después nos fuimos hasta el centro de Oviedo para hacer una primera visita.
Aparcamos en el parking de la Plaza de la Escandalera, que, por cierto, no recomendamos si vas con sillas de bebé, pues no tiene ascensor. Desde allí caminamos por la calle San Francisco hasta la Catedral de Oviedo, ya cerrada, y dimos un pequeño paseo por sus alrededores hasta el Teatro Campoamor antes de cenar y volver para dormir.
Lo que más nos gustó del día: la primera impresión de Oviedo. Después del viaje y de dejar todo preparado en el piso, salir a pasear tranquilamente por el centro nos hizo sentir que ya estábamos de vacaciones. Nos gustó mucho el ambiente de la ciudad, sus calles peatonales y esa sensación de poder recorrerlo todo caminando.

Día 2. Somiedo, uno de los paisajes más impresionantes del viaje
Este día llovía en la costa, pero en el Parque de Somiedo iba a hacer un día estupendo. Y hasta Somiedo nos fuimos a través de una carretera con unas vistas geniales que bordeaba varios ríos, atravesaba Belmonte y, tras dejar a un lado las centrales hidroeléctricas de La Riera y La Malva, llegaba a Pola de Somiedo.
Tras comer e informarnos en la oficina de turismo, fuimos hasta La Peral, donde hay un mirador desde el que se tienen unas vistas geniales de las montañas de Somiedo. Desde allí volvimos hasta Pola de Somiedo para comenzar a ascender por una carretera estrecha y sinuosa hasta Valle del Lago.
Desde este pueblo sale una ruta de unos 13 km ida y vuelta que te lleva al Lago del Valle, pero, al ir con niños tan pequeños, esto era inviable, así que tras ver el pueblo y admirar las vistas de la carretera volvimos hasta Pola de Somiedo para ascender posteriormente hasta los Lagos de Saliencia, siguiendo el cauce del río del mismo nombre.

Hay una ruta que te lleva por todos los Lagos de Saliencia, pero el primero de ellos no se encuentra muy lejos del aparcamiento del Alto de la Farrapona, donde comienza el sendero, así que hasta allí decidimos ir incluso con niños. La vuelta es un poco dura, ya que hay que ir cuesta arriba, pero las vistas y la tranquilidad que allí se respira merecen la pena.
El gran recuerdo del día: llegar hasta los Lagos de Saliencia y encontrarnos con aquel paisaje después de haber pasado buena parte del día en carretera. Los niños eran todavía muy pequeños, pero disfrutaron mucho del entorno, y nosotros nos quedamos con la sensación de haber descubierto una Asturias completamente diferente a la de la costa y las ciudades.

Día 3. Cuando la lluvia nos llevó al Museo del Jurásico
Nuevamente amanecía lloviendo en Asturias y esta vez la predicción no nos indicaba ningún lugar donde fuera a hacer sol. Así que, aunque el viaje estaba programado para visitar la parte occidental de Asturias, decidimos adentrarnos un poco en la oriental e ir hasta el Museo del Jurásico de Asturias.
Tras la visita fuimos a Lastres, donde hicimos una visita panorámica por la lluvia, y desde allí a Tazones, donde milagrosamente dejó de llover. De esta manera pudimos dar un paseo por uno de los pueblos más bonitos de Asturias.

Después volvimos hacia Oviedo, ya sin lluvia, para hacer una visita a los Monumentos Prerrománicos de Asturias, como la Iglesia del Naranco o la Iglesia de San Miguel de Lillo, y subir hasta el Monte Naranco y disfrutar de las vistas de la ciudad que se nos presentan desde los pies de la Estatua del Sagrado Corazón de Jesús.
Lo que más nos gustó del día: el Museo del Jurásico fue una de esas visitas que funcionan especialmente bien cuando viajas con niños pequeños. Los dinosaurios consiguieron mantener su atención durante toda la visita y, para nosotros, fue una buena forma de aprovechar una mañana de lluvia sin tener la sensación de estar simplemente buscando un sitio cerrado donde pasar el rato.
Día 4. El día más largo: Playa de las Catedrales, Luarca y Cabo Vidio
Por fin un día de sol radiante en Asturias. Pero nuestro primer destino del día no iba a estar en esta región, sino en la vecina Galicia. Íbamos a ir a la Playa de las Catedrales.
El camino hasta la Playa de las Catedrales, una maravilla de la naturaleza, fue largo, unos 200 km, pero mereció la pena a pesar de que tuvimos que aparcar un poco lejos del acceso a la playa debido a la cantidad de gente que había.
Pero bajar al arenal y disfrutar de esta playa no tiene precio. En aquel momento, y en plena temporada alta, era necesario reservar por internet y enseñar la reserva al llegar, para limitar la afluencia a este paraje natural. Hoy el sistema sigue existiendo: en Semana Santa y del 1 de julio al 30 de septiembre hay que obtener una autorización administrativa gratuita, y el resto del año no hace falta. Además, la playa solo se puede recorrer con marea baja, así que conviene mirar la tabla de mareas antes de organizar el día. Quien se aloje en Ribadeo puede pedir el pase en su alojamiento, y también hay un autobús lanzadera desde la estación de Ribadeo cuyo billete garantiza el acceso. Comprueba siempre las condiciones en la web oficial de la Xunta antes de ir.

Tras visitar la playa y comer, regresamos hacia Asturias haciendo parada en Luarca, una de las ciudades más bonitas de Asturias. Desde allí emprendimos camino hasta el Cabo Vidio, cerca de Cudillero, desde donde se tienen unas maravillosas vistas del Mar Cantábrico.
El día finalizó nuevamente en el centro de Oviedo, en los alrededores del Teatro Campoamor y la zona comercial de la Calle Uría. Así acababa un día muy completo en Asturias.
¿Mereció el desplazamiento? Sí. Fueron muchos kilómetros para una excursión de un solo día, pero teníamos muchas ganas de conocer la Playa de las Catedrales y la visita estuvo a la altura de lo que esperábamos. Además, al viajar con niños pequeños, pasar allí unas horas y después aprovechar el regreso para conocer Luarca y Cabo Vidio hizo que el día tuviera bastante más sentido que limitarse a ir hasta la playa y volver.
Qué haríamos diferente: hoy probablemente intentaríamos no concentrar tantos kilómetros en un solo día. Si mantuviéramos la visita a la Playa de las Catedrales, valoraríamos hacer noche por la zona de Ribadeo o en la costa occidental asturiana y aprovechar mejor el recorrido, en lugar de convertirlo en una excursión tan larga desde Oviedo.

Día 5. La gran sorpresa del viaje: Avilés
De nuevo con un sol radiante, decidimos ir hasta la villa de Avilés, una ciudad que suele tener el sambenito de que no tiene nada que ver por su pasado industrial, pero que cuando la visitas te sorprende.
Nos esperábamos una ciudad bastante gris y marcada por su pasado industrial, y la verdad es que íbamos sin demasiadas expectativas. Tras aparcar bajo la Plaza de España fuimos a la oficina de turismo, donde nos recomendaron un recorrido muy completo para visitar la villa, y nos descubrió un casco histórico mucho más interesante de lo que imaginábamos, con plazas, calles y edificios que no esperábamos encontrar allí. Fue una de esas visitas en las que llegas pensando que estarás un par de horas y acabas marchándote con ganas de haber tenido más tiempo. Nos encantó y ahora se la recomendamos a todo el mundo.

Tras la comida en Avilés fuimos hasta uno de los paraísos naturales más importantes de la costa asturiana, el Cabo de Peñas, con unas vistas geniales del Cantábrico. Además, para llegar hasta él recomendamos hacerlo desde Avilés, atravesando praderas y campos de trigo que parecen sacados de un cuento.
Muy cerca se encuentran Luanco y Candás, dos lugares muy turísticos gracias a sus playas y que pretendíamos visitar, pero fue imposible aparcar. El tiempo era muy bueno y las playas estaban a rebosar.
Así volvimos a Oviedo para dar un nuevo paseo por el Casco Antiguo y disfrutar de esta ciudad, una de las que más nos gustan de España y donde siempre estamos muy a gusto.

Día 6. Gijón con niños y última tarde en Oviedo
Este día lo íbamos a dedicar a las dos ciudades más importantes de Asturias. Por la mañana fuimos hasta Gijón, donde, tras aparcar junto al puerto, dimos un paseo por el Barrio de Cimavilla y por las playas de la ciudad, sobre todo la de San Lorenzo, que estaba llena de gente por el buen tiempo.
Tras comer nos fuimos dando un paseo por la otra gran playa urbana de Gijón, la Playa de Poniente, hasta el Acuario, cuya visita nos encantó, sobre todo a los más pequeños, que disfrutaron con los peces mientras buscaban a Nemo. Los pingüinos también son una gran atracción del Acuario de Gijón.

Tras esta visita regresamos a Oviedo y dimos un paseo por el Casco Antiguo desde la Catedral hasta el Campo de San Francisco, pasando por la Plaza de la Constitución, donde se encuentran el Ayuntamiento y El Fontán, para acabar cenando en uno de los numerosos restaurantes de la Calle Gascona y visitando La Foncalada, otro de los monumentos prerrománicos de Asturias.
Día 7. Asturias bajo la lluvia
Llegó nuestro último día en Asturias, con un tiempo horrible marcado por la lluvia y con pocas alternativas para huir de ella. A veces es una llovizna que no te impide visitar lugares, pero la lluvia era muy intensa y no tuvimos más remedio que acabar en un centro comercial.
Y allí estuvimos pasando la mañana, mientras parecía que algún rayo de sol quería asomar. Algo que ocurrió bastante después de comer, por lo que, tras hacer las maletas, ya que volvíamos al día siguiente, dimos nuestro último paseo por Oviedo.
Nuevamente el Casco Antiguo fue el elegido, cenando en los alrededores de El Fontán. Nos quedamos con ganas de haber hecho la Senda del Oso, otra de las atracciones de esta zona, pero tantos días de lluvia nos impidieron hacer esta ruta.

Por qué no incluimos algunos de los lugares más conocidos de Asturias
Si echas un vistazo a nuestra ruta, quizá te sorprenda que no aparezcan algunos de los lugares más conocidos de Asturias, como los Lagos de Covadonga, Cangas de Onís, Ribadesella, Llanes o los Picos de Europa. La razón es sencilla: ya los habíamos visitado en nuestro primer viaje a Asturias, unos años antes.
Aquel viaje fue bastante diferente. Llegamos a Asturias después de recorrer parte del País Vasco y utilizamos Cangas de Onís como una de nuestras bases para conocer sobre todo la zona oriental. Visitamos entonces algunos de los lugares más conocidos de esa parte de Asturias, así que en este viaje preferimos no repetirlos y centrarnos en otras zonas.
Por eso este viaje tiene un recorrido algo menos habitual: Oviedo, Somiedo, la costa central y occidental, Avilés, Gijón y algunos lugares de la costa oriental que no conocíamos todavía.
Si quieres ver aquel primer recorrido, puedes consultar nuestro viaje por Euskadi y Asturias. Allí contamos aquella otra ruta, que completa bastante bien este diario.
Qué haríamos diferente si repitiéramos este viaje hoy
Si hoy repitiéramos el viaje, dedicaríamos una noche a Somiedo. En aquel momento preferimos mantener las siete noches en Oviedo porque los niños eran muy pequeños y nos resultaba más cómodo tener una única base, pero después de conocer la zona creemos que merece la pena disfrutarla con más calma. Así podríamos dedicar más tiempo al parque y evitar parte de los kilómetros de ida y vuelta desde Oviedo.
También intentaríamos no concentrar tantos kilómetros en un solo día, sobre todo en la excursión a la Playa de las Catedrales, y por fin haríamos la Senda del Oso. Y dedicaríamos más tiempo a Avilés, que fue una de las sorpresas del viaje.
Nuestro balance de aquel viaje por Asturias
Cuando salimos de Madrid no sabíamos muy bien cómo iba a funcionar nuestro primer viaje largo con los niños. Hasta entonces habíamos hecho viajes más cortos, y pasar una semana con dos niños tan pequeños era un pequeño experimento para nosotros.
Al final, funcionó.
No hicimos todo lo que habíamos previsto. Hubo rutas pendientes, lugares que vimos demasiado deprisa, días en los que la lluvia nos cambió por completo los planes y una mañana en un centro comercial. Pero también descubrimos lugares que no estaban en nuestros planes iniciales, y comprobamos que Asturias se presta bien a viajar así: con una base fija, coche y cierta capacidad para improvisar.
Este segundo viaje fue muy diferente del anterior, y quizá eso sea lo que más nos gusta de volver a un lugar: no tienes por qué repetir el viaje anterior, puedes seguir descubriéndolo. La Senda del Oso quedó pendiente y, con el tiempo, se ha convertido en una buena excusa para volver.
Así terminó nuestro viaje de siete días por Asturias, la que fue nuestra primera gran aventura familiar. Muchos años después seguimos recordándolo por una razón muy sencilla: salió bastante menos perfecto de lo que habíamos planeado y, precisamente por eso, salió muy bien.
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