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Rutas en coche por Portugal: todos nuestros viajes y cómo organizarlos

Portugal no es un destino que se agota en un viaje. Nosotros llevamos años volviendo, cada vez con un plan distinto, y cada vez con la sensación de que el país te da más de lo que esperabas.

Hemos estado en Lisboa con un carrito de bebé sorteando empedrados imposibles, en Sintra antes de que llegaran los primeros autobuses de turistas, en el Duero portugués siguiendo el río desde la frontera zamorana hasta Oporto, y en Elvas tantas veces que ya tenemos restaurante favorito.

Este artículo es el mapa de todos esos viajes. No es una guía exhaustiva de Portugal: es cómo lo hemos recorrido nosotros, qué aprendimos en cada zona y cómo lo organizaríamos si empezáramos de cero.

Cómo dividimos Portugal para recorrerla en coche:

  • Lisboa y Sintra — dos viajes, dos formas distintas de acercarse a la zona (4–5 días)
  • El centro: Coimbra, Batalha, Fátima — la ruta que menos se hace y más sorprende (3 días)
  • El norte: el Duero y Oporto — el viaje más completo que hemos hecho en Portugal (7 días)
  • La frontera desde España: Elvas y Braganza — escapadas que no requieren planificar un viaje entero (fin de semana o día suelto)

Cuánto tiempo necesitáis según lo que queréis ver

Si tenéis un fin de semana desde Extremadura o el sur de Castilla, Elvas es la respuesta sin necesidad de pensarlo mucho. Si tenéis cuatro o cinco días, el centro con Coimbra, Batalha y Fátima o la costa de Sintra con base allí son las opciones más eficientes. Si tenéis una semana, el norte con la ruta del Duero más Oporto es el viaje más completo que hemos hecho en Portugal. Si tenéis diez días o más, se puede combinar Lisboa, el centro y el norte sin prisa.

Lo que no haríamos es intentar ver Lisboa y Oporto en el mismo viaje corto. Son ciudades que se merecen tiempo propio y están bastante lejos entre sí por carretera. El centro funciona bien como punto de ruptura entre las dos, pero eso ya es hablar de una semana mínima.

En pocas palabras

  • País: Portugal
  • Cómo moverse: En coche. Las ciudades funcionan solas, pero los alrededores, la costa, el Duero y la frontera con España solo tienen sentido con coche propio.
  • Zonas que conocemos: Lisboa y su costa, el centro (Coimbra, Batalha, Fátima), el norte (Oporto, Duero vinatero, Aveiro, Braga, Guimarães, Viana do Castelo), y la frontera extremeña (Elvas, Braganza).
  • Con niños: Hemos viajado con y sin ellos. Las ciudades portuguesas tienen cuestas y empedrados que complican los carritos, pero con niños que ya andan la experiencia es completamente viable.
  • Cuándo ir: Primavera y otoño son los mejores momentos. Sintra en verano sin alojamiento allí es una pesadilla de colas. Lisboa en agosto es perfectamente llevadera. Diciembre funciona bien salvo en puentes, cuando las carreteras se colapsan.
  • Ritmo: Moderado en ciudades, tranquilo en carretera. Portugal no exige correr.

Lisboa y los alrededores: dos formas de entrar al país

Hemos estado en Lisboa en contextos muy distintos y eso nos ha dado una perspectiva que no tendríamos con un solo viaje.

Lisboa en tres días: la ciudad a pie y con carrito

La primera vez fue un viaje centrado en la ciudad, tres días completos pateando la capital. Lo hicimos con nuestro hijo mayor aún en carrito, y eso en Lisboa tiene una implicación concreta: las cuestas del Chiado, los adoquines de Alfama y las escaleras del Castillo de San Jorge son un reto real. No imposible, pero hay que planificarlo. Quien vaya con niños pequeños conviene que sepa que Lisboa es una ciudad vertical, y que vertical en portugués significa escaleras de granito.

La ciudad en sí aguanta perfectamente tres días sin prisa. Alfama por la mañana temprano, cuando los callejones todavía huelen a café y no a grupo organizado. La Baixa pombalina, que es el experimento urbanístico más ambicioso del siglo XVIII en Europa: el marqués de Pombal reconstruyó Lisboa entera tras el terremoto de 1755 con cuadrícula racionalista, y hoy todavía se nota la diferencia entre lo que sobrevivió en las colinas y lo que se construyó desde cero abajo. Los puentes los tratamos en un artículo aparte, porque merecen más espacio del que cabe aquí.

Lisboa - Torre de Belem

Sintra como base: por qué dormir allí cambia todo

El segundo viaje fue diferente. En lugar de alojarnos en Lisboa, nos instalamos tres noches en Sintra, y eso cambió por completo la experiencia de la zona.

Sintra tiene un problema bien conocido: en temporada alta los autobuses de turistas llegan a media mañana y los aparcamientos del Palacio da Pena se colapsan en minutos. La única solución real es alojarse allí. Llegando a pie al Palacio da Pena a primera hora, antes de que empiece el flujo de visitantes, la experiencia es completamente distinta. Nosotros fuimos muy temprano y casi no había cola para entrar. Al salir, dos horas después, el atasco de coches subiendo por la carretera llegaba ya hasta el pueblo. Eso lo dice todo.

De Sintra también visitamos la Quinta da Regaleira, que en nuestra opinión es la visita más interesante del conjunto: un palacio neogótico con jardines llenos de simbolismo masónico e iniciático, pozos invertidos y túneles. Dejamos fuera el Castillo dos Mouros: mucha subida para lo que luego es, y ese tiempo lo aprovechamos mejor en el Parque da Pena.

El Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa continental, lo visitamos desde Sintra sin problema. Merece la parada aunque solo sea para quedarse un momento mirando el Atlántico y entender físicamente por qué los portugueses lo llamaron el fin del mundo antes de descubrir que no lo era.

Paradas lógicas de camino: Óbidos y Évora

De vuelta desde Sintra paramos en Évora, en Alentejo, que tiene un centro histórico romano y medieval que justifica perfectamente una mañana.

Y de camino a Sintra, la ida, hicimos parada en Óbidos. Un recinto amurallado medieval que se puede recorrer entero en dos horas, con la ventaja de que la muralla perimetral se puede caminar por encima. Funciona bien como parada intermedia sin necesidad de pasar la noche.

El artículo detallado del viaje de Lisboa, con los tres días completos y la experiencia con carrito por Alfama, está aquí. El artículo de Cascais y Estoril, que visitamos en excursión desde Sintra, lo encontráis aquí.

El centro: Coimbra, Batalha y Fátima

El centro de Portugal es la zona que menos se visita y la que más sorprende. Coimbra fue la primera capital del reino antes de que Lisboa asumiera ese papel, y la Universidad lleva funcionando desde 1290. Batalha nació literalmente de una promesa de guerra: João I prometió construir un monasterio si ganaba la batalla de Aljubarrota en 1385, y la ganó. El monasterio que construyó es uno de los edificios más extraordinarios de Portugal y está a veinte minutos de Fátima, que a su vez está a una hora de Coimbra. Esa concentración de peso histórico en tan poco espacio es lo que hace que el centro funcione tan bien como ruta en coche.

Nosotros lo hicimos en tres días desde Coimbra como base, aprovechando que el jet lag portugués, una hora menos que en España, te regala mañanas más largas sin esfuerzo.

Coimbra - Vista general

El primer día lo dedicamos a llegar, con paradas. Entramos por Castelo Branco, que tiene una carretera fronteriza bastante sinuosa que ralentiza más de lo que sugiere el mapa, y nos desviamos hasta Fátima antes de seguir a Batalha. Fátima nos sorprendió comparándola con Lourdes, que habíamos visitado el año anterior: es menos comercial, más recogida en el recinto principal. La Basílica de la Santísima Trinidad, enorme y muy moderna, contrasta con la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, que es la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza. Tras comer bacalao a la nata en un restaurante junto al santuario, seguimos hasta Batalha.

El monasterio, Patrimonio de la Humanidad, justifica la entrada entera solo por las Capillas Imperfectas: un panteón real octogonal que quedó sin techar cuando murió el rey que lo encargó, y que hoy muestra sus columnas manuelinas apuntando directamente al cielo abierto. Esa imagen, la piedra labrada con toda su filigrana acabando en nada, es la más extraña y memorable de todo el viaje. Junto al de Alcobaça, que está a pocos kilómetros y que conviene incluir si se tiene tiempo, representa lo mejor de la arquitectura gótico-manuelina portuguesa. Llegamos a Coimbra a última hora y dimos un paseo por la Baixa para orientarnos.

Batalha - Monasterio

El segundo día fue Coimbra entera, y es una ciudad que conviene abordar de abajo arriba y de arriba abajo. Dejamos el coche aparcado en la margen izquierda del Mondego, donde hay más opciones y mejores precios que en el casco histórico, y cruzamos el río a pie. Subir por las calles empedradas hasta la Universidad, visitar la Biblioteca Joanina con la hora asignada en la entrada (dentro está prohibido hacer fotos porque viven murciélagos que protegen los libros de los insectos, una de esas historias que luego no te crees que sean reales pero lo son), recorrer el antiguo Palacio Real y la Capilla de San Miguel, bajar hasta la Catedral Vieja, que tiene aspecto de fortaleza y un claustro que justifica la entrada. Por la tarde fuimos al Palacio de Buçaco, a media hora de Coimbra, en el bosque de Luso. Fue de las visitas que más nos gustaron del viaje: un palacio neomanuelino rodeado de árboles centenarios con un mirador, la Cruz Alta, desde donde se ve toda la Portugal verde.

El tercer día lo usamos para ir a Oporto, que conocíamos de antes y queríamos revisitar. Desde Coimbra hay aproximadamente una hora en coche. Para quien no conozca Oporto y esté haciendo este viaje por primera vez, Aveiro es una alternativa más lógica geográficamente: está entre Coimbra y Oporto y tiene entidad propia como visita de medio día.

El diario completo de este viaje, con el detalle de cada parada y lo que cambiaríamos hoy, está aquí.

OPORTO

El norte: el Duero, Oporto y la costa atlántica

El norte de Portugal es la zona que más veces hemos visitado y la que más capas tiene. Hemos estado en Oporto en distintos momentos y con distintos compañeros de viaje, y la ciudad cambia bastante según con quién vayas y cuánto tiempo tengas.

La ruta del Duero: de los Arribes a Oporto

El viaje que más nos marcó fue el que hicimos con los niños partiendo desde los Arribes del Duero españoles. La idea era seguir el río: empezar en Fermoselle, recorrer los miradores de los Arribes, cruzar a Portugal por el Alto Duero vinatero y llegar a Oporto siguiendo el agua.

El Duero vinatero portugués, la región del Douro, es uno de esos territorios que no se entienden del todo hasta que los ves desde la carretera. Las laderas del río están cubiertas de viñas en terrazas que suben casi verticales desde el agua. Pinhão es el epicentro, un pueblo pequeño con una estación de tren cubierta de azulejos que cuenta la historia de la vendimia. Lamego tiene una escalinata barroca impresionante subiendo hasta su santuario, similar en espíritu a la de Bom Jesus do Monte en Braga aunque con menos fama. Peso da Régua es el centro logístico del vino de Oporto, con bodegas que se pueden visitar y el río muy presente.

Desde allí a Oporto hay menos de una hora. Con niños, Oporto funciona bien salvo la Torre de los Clérigos, que tiene muchos escalones y en temporada hay cola larga. Nosotros compensamos con el World of Discoveries, un museo interactivo sobre los descubrimientos portugueses que tiene formato de atracción y que les encantó. El crucero de los seis puentes por el Duero urbano es una buena opción con niños porque los mantiene entretenidos y da una perspectiva de la ciudad que desde tierra no se tiene.

Una advertencia sobre la Librería Lello: es un edificio modernista con una escalera de madera preciosa, pero la saturación turística la ha convertido en una visita que cuesta disfrutar. Cuando estuvimos era imposible pararse a mirar nada con calma. Si la arquitectura modernista os interesa, hay opciones en Oporto que no han llegado a ese nivel de masificación.

Aveiro - Edificio da Capitania

Desde Oporto hicimos dos excursiones. Un día fuimos a la playa de Espinho y a Aveiro, los canales y los barcos moliceiros, que con niños funciona especialmente bien por lo visual. Otro día subimos hasta Viana do Castelo y Matosinhos. Viana es una ciudad que sorprende: tiene un centro histórico con plaza renacentista y una basílica en lo alto del monte Santa Luzia que se puede subir en funicular.

El diario completo de este viaje, con el recorrido día a día desde Fermoselle hasta Viana do Castelo, está aquí.

Oporto con los alrededores clásicos

En otro viaje, sin niños, hicimos la ruta más habitual desde Oporto: Aveiro, Braga y Guimarães en dos días de excursiones desde la ciudad.

Guimarães se presenta a sí misma como la cuna de Portugal, que es literalmente cierta: allí nació Afonso Henriques, el primer rey. El castillo y el centro histórico justifican la visita. Braga tiene la Sé más antigua de Portugal y el santuario del Bom Jesus do Monte, con su célebre escalinata barroca. Aveiro la conocemos de dos visitas distintas y siempre convence: los canales, los moliceiros pintados, la arquitectura modernista del centro y los pastéis de Aveiro, que son una versión local de los pastéis de nata con crema de yema.

El diario de ese viaje, con las excursiones a Aveiro, Braga y Guimarães organizadas desde Oporto, está aquí.

La frontera desde España: Elvas y Braganza

Esta es la zona que casi ningún blog de viajes cuenta desde la experiencia real, y es la que más nos distingue.

Elvas

Elvas está a diez minutos de Badajoz. Es una ciudad portuguesa con murallas abaluartadas declaradas Patrimonio de la Humanidad, una acueducto romano extraordinario y un centro histórico con apenas turistas. Pero la razón principal por la que volvemos una y otra vez es la gastronomía. La cocina portuguesa, el bacalao en sus decenas de versiones, los arroces, los asados, los pastéis, es una de las mejores del continente y en Elvas puedes comerla a precios extremeños, sin reserva y sin la saturación de Lisboa u Oporto.

Al estar tan cerca de la frontera, Elvas funciona como escapada de fin de semana desde cualquier punto de Extremadura o del sur de Castilla. No hace falta un viaje a Portugal: con cruzar la frontera y aparcar en el centro ya estás en otro país, en otro idioma y en otra cocina. Eso tiene un valor que no se mide en kilómetros.

El artículo sobre Elvas está aquí.

Elvas - Iglesia Nuestra Señora Asuncion

Braganza

Braganza la visitamos desde Puebla de Sanabria, que es la puerta natural desde el noroeste español. La ciudad tiene un castillo medieval muy bien conservado y una ciudadela interior, la Cidadela, que está habitada todavía hoy, lo que le da una autenticidad poco habitual. Braganza es capital de Trás-os-Montes, una comarca que los propios portugueses describen como el territorio más alejado de todo, y eso se nota: es una Portugal más seca, más austera, menos visitada.

El artículo sobre Braganza está aquí.

Castillo de Bragança

Antes de salir: los peajes electrónicos en Portugal

Las autovías portuguesas tienen peaje electrónico, y algunas de ellas, las antiguas vías SCUT, no tienen cabinas físicas: las cámaras registran la matrícula y el cobro llega después. Con un coche español hay que registrarse en el sistema EasyToll antes de circular por esas vías, vinculando la matrícula a una tarjeta de crédito. Si no se hace, las multas llegan a España con recargo. No es complicado pero hay que hacerlo, y conviene saberlo antes de cruzar la frontera y no cuando ya estás en la autovía.

Veredicto

Lo mejor de Portugal en coche es que el país escala perfectamente. Desde una escapada de fin de semana a Elvas hasta una ruta de diez días siguiendo el Duero desde Zamora hasta el Atlántico. Lo peor es que las ciudades más conocidas, Lisboa y Oporto, están sometidas a una presión turística que en temporada alta requiere planificación cuidadosa, especialmente en Sintra donde alojarse allí no es un capricho sino la única forma sensata de visitarla.

La idea histórica para recordar: Portugal no mira hacia España. Siempre miró al Atlántico, y eso explica todo: la arquitectura, la gastronomía, el carácter y la escala humana de sus ciudades del interior, que crecieron a su propio ritmo mientras el dinero de las colonias llegaba por el río.

Lugares que Visitar