Ruta resumida: Base en Coimbra · Día 1: Fátima · Batalha · Pombal · Coimbra · Día 2: Coimbra + Bosque de Buçaco · Día 3: Aveiro o Oporto
La carretera que entra en Portugal por Castelo Branco no es la más rápida. Es sinuosa, con curvas que el navegador no penaliza del todo, y tarda bastante en cubrir ochenta kilómetros. Pero eso te obliga a ir despacio por una de las zonas menos visitadas de la frontera, y eso, en este caso, no es un inconveniente. El centro de Portugal empieza antes de que te des cuenta.
Fuimos en agosto de 2018, sin los niños, que se quedaron con sus abuelos. Elegimos Coimbra como base del viaje de 3 días no porque fuera el destino más obvio sino porque queríamos ver el interior portugués de verdad, no solo Lisboa u Oporto. Lo que no esperábamos era que el viaje de ida nos diera tanto. Si buscáis una visión más amplia de cómo organizamos todos nuestros viajes por el país, tenemos un artículo con todas nuestras rutas en coche por Portugal.
En pocas palabras
- Punto de partida: Plasencia en nuestro caso. Pero vale cualquier punto del oeste de Castilla y Extremadura
- Distancia total: aproximadamente 600 km de recorrido completo incluyendo excursiones
- Duración: 3 días con base en Coimbra
- Carretera: frontera sinuosa por Castelo Branco que ralentiza más de lo que indica el mapa; buenas nacionales hasta Fátima y Batalha; autovía desde Coimbra a Oporto o Aveiro
- Paradas: Fátima, Batalha, Pombal, Coimbra, Bosque de Buçaco, Oporto o Aveiro
- Ritmo: Moderado — el día central en Coimbra es intenso, los otros dos son más tranquilos
- Para quién: Ideal si viajas en coche y ya conoces Lisboa u Oporto, o quieres ver Portugal más allá de la costa. Perfectamente viable con niños que ya caminan, aunque el día 2 en Coimbra es exigente por las cuestas. Con carrito, no la haríamos.
- Evitar masificación: La Biblioteca Joanina requiere entrada con hora asignada; conviene reservarla al llegar, no al final del recorrido por la universidad. El Palacio de la Bolsa en Oporto solo se visita con guía; si llegáis tarde no podréis entrar.
La tesis: el centro que nadie visita y que lo explica todo de Portugal
Coimbra fue la primera capital de Portugal antes de que Lisboa tomara ese papel. La Universidad lleva funcionando desde 1290, lo que la convierte en una de las más antiguas del mundo. Y a veinte minutos de distancia, Batalha nació de una promesa de guerra: João I juró construir un monasterio si ganaba la batalla de Aljubarrota en 1385 frente a Castilla. La ganó, y lo construyó.
Eso es lo que conecta esta ruta: el centro de Portugal como el territorio donde se fundó el reino, donde se custodió el saber y donde los reyes cumplieron sus deudas con Dios en piedra. Todo antes de que Lisboa y el Atlántico se llevaran el protagonismo.
Día 1: Fátima, Batalha y llegada a Coimbra
Salimos temprano de Plasencia, en parte por aprovechar el día, en parte porque la carretera fronteriza exige más tiempo del previsto. Una vez en Portugal, nos desviamos hacia Fátima antes de seguir norte.
Fátima: cuánto tiempo dedicar y qué esperar
Conocíamos Lourdes del año anterior y la comparación era inevitable. Fátima sorprende por lo que no es: esperábamos el mismo aparato comercial que rodea a los grandes santuarios marianos europeos y nos encontramos con algo más sobrio, al menos en el recinto central. La Basílica de la Santísima Trinidad, enorme y de hormigón blanco muy moderno, contrasta con todo lo que la rodea. No es un edificio que seduzca, pero su escala impresiona: puede albergar ocho mil personas. La Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en el otro extremo de la explanada, es la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza. La Capilla de las Apariciones marca el lugar donde, según la tradición, estaba el árbol. Con noventa minutos es suficiente.
Tras comer bacalao a la nata en un restaurante junto al santuario, pusimos rumbo a Batalha. Son veinte minutos de carretera.

Monasterio de Batalha: por qué merece el desvío
El Monasterio de Batalha justifica el desvío por sí solo. Es gótico-manuelino, Patrimonio de la Humanidad, y tiene una de las imágenes más extrañas que hemos visto en un edificio religioso: las Capillas Imperfectas, un panteón real octogonal que quedó sin techar cuando murió el rey que lo encargó. Las columnas están labradas con toda la filigrana manuelina y acaban en nada, abiertas al cielo. No fue un descuido: la obra se detuvo y nadie la retomó. Hoy esa incompletud tiene más fuerza que si estuviera terminada.

Pombal y primera toma de contacto con Coimbra
Cerca está Pombal, donde hicimos una parada rápida al castillo antes de continuar hacia Coimbra. Llegamos a última hora y dimos un paseo por la Baixa para orientarnos: la Plaza del Comercio, la Rua Ferreira Borges, el río al fondo. Suficiente para situar la ciudad antes del día siguiente.
Nos alojamos en el Hotel Oslo, en el centro. No es el mejor hotel en el que hemos estado, pero tiene dos cosas que valen lo que cuestan: la ubicación y una terraza desde la que se tienen las mejores vistas de Coimbra.

Día 2: Coimbra y el bosque de Buçaco
Cómo recorrer Coimbra sin perder tiempo
Coimbra se sube. El casco histórico trepa desde el río hasta la universidad por calles empedradas y empinadas. Dejamos el coche aparcado en la margen izquierda del Mondego, donde hay más opciones y mejores precios que en el casco histórico, y cruzamos el río a pie.
El recorrido lógico en Coimbra es de abajo arriba y de arriba abajo. Subimos por la Almedina hasta la Catedral Nueva, antigua sede de los jesuitas, con un interior sereno después del esfuerzo de la subida. Desde allí, la Universidad.

La entrada completa da acceso a la Torre, al antiguo Palacio Real, a la Capilla de San Miguel y, sobre todo, a la Biblioteca Joanina. Para esta última asignan una hora concreta: conviene reservarla en la web oficial de visitas antes de salir, no al llegar.. Dentro no se pueden hacer fotos. La razón es una de esas historias que parecen inventadas pero son reales: el edificio mantiene una colonia de murciélagos que se alimentan de los insectos nocturnos que podrían dañar los manuscritos.
De noche, los murciélagos patrullan las estanterías. De día, los visitantes entran en grupos de sesenta personas a contemplar uno de los espacios barrocos más extraordinarios de Portugal: maderas tropicales, techos pintados, el olor a siglos de papel.

Después del Museo de Ciencia, incluido en la misma entrada y más interesante de lo que esperábamos, bajamos hacia la Catedral Vieja. Tiene aspecto de fortaleza románica almenada, maciza, diseñada para resistir un asedio antes que para el rezo. Cobran entrada, pero el claustro merece pagarla.
Buçaco: la sorpresa del viaje
Por la tarde, cuando el centro empieza a vaciarse, fuimos al Palacio de Buçaco. Está en Luso, a media hora de Coimbra. Hay que pagar entrada para acceder en coche, pero el recinto lo justifica: un palacio neomanuelino del siglo XIX en el corazón de un bosque plantado por monjes carmelitas en el siglo XVII con árboles traídos de todos los rincones del imperio portugués. Fue el lugar que más nos gustó de todo el viaje. Después subimos al Mirador de la Cruz Alta, desde donde se ve una extensión de Portugal verde que cuesta encajar con la imagen del país de las playas y los pastéis.

Día 3: Aveiro u Oporto
Desde Coimbra hay aproximadamente una hora en coche hasta Oporto, y algo menos hasta Aveiro. La elección del tercer día es la decisión más importante de la ruta y depende de lo que ya conozcáis.
Elegid Aveiro si: no habéis estado antes en ninguna de las dos ciudades, o si tenéis el tiempo justo. Aveiro se puede ver bien en medio día, funciona perfectamente como excursión desde Coimbra y no exige planificación: los canales, los barcos moliceiros pintados, la arquitectura modernista del centro y los pastéis de Aveiro, una versión local del pastel de nata con crema de yema que conviene probar en origen. Es la opción más eficiente para cerrar este viaje.
Elegid Oporto si: ya conocéis Aveiro o queréis una ciudad con más capas. Pero siendo honestos: con un día solo, Oporto no se ve. Lo que sí se puede hacer es una visita diferente a lo que ya conocéis. Si os planteáis dedicarle más tiempo, tenemos el diario de nuestro viaje a Oporto con los alrededores y también el viaje completo desde los Arribes del Duero hasta Oporto con niños, que son dos formas muy distintas de acercarse a la ciudad.
Nosotros fuimos a Oporto porque ya habíamos estado en Aveiro y porque es una ciudad a la que volvemos siempre que podemos. Aparcamos junto al Palacio de la Bolsa con intención de visitarlo, pero llegamos tarde: solo se puede recorrer con guía, y las plazas estaban completas hasta las 17h. Cambiamos de plan y subimos a la Torre de los Clérigos, que nos había faltado en la visita anterior. Era domingo y Oporto estaba a reventar, pero las vistas desde lo alto compensan la espera.

Comimos en la Rua Santa Catarina una francesinha, el plato más típico de Oporto, posiblemente el más sobrevalorado. Un sándwich caliente cubierto de salsa de tomate y cerveza que sabe mejor en la descripción que en el plato. Lo probamos y no repetimos.
Lo que sí repetimos fue el crucero de los seis puentes por el Duero. Lo habíamos hecho antes con los niños; sin ellos es diferente: más tiempo para mirar, para entender la estructura de la ciudad desde el agua, para ver el Puente Don Luis I desde abajo antes de cruzarlo a pie. Sale del muelle de la Ribeira y dura aproximadamente una hora.
Terminamos la tarde en Foz do Douro, donde el río se encuentra con el Atlántico, viendo el atardecer antes de volver a Coimbra.
Qué habríamos visto con más tiempo
El Monasterio de Alcobaça está a pocos kilómetros de Batalha y es el gran ausente de esta ruta. Fue el primer gran monasterio cisterciense de Portugal, fundado en el siglo XII, y tiene los sepulcros de Pedro I e Inés de Castro, una de las historias de amor más trágicas de la historia portuguesa: Pedro mandó desenterrar a Inés, ya muerta, para coronarla reina. Con un día extra se pueden combinar Alcobaça y Batalha sin prisa y sin la sensación de estar corriendo entre Patrimonio de la Humanidad.
Si empezáramos de cero
Haríamos casi todo igual, con tres correcciones.
Primera: reservaríamos la visita al Palacio de la Bolsa antes de salir de Coimbra, no al llegar. Perder esa visita por no haberlo previsto fue el único error del viaje.
Segunda: no intentaríamos bajar a Oporto si solo tuviéramos medio día libre. Con el tiempo que le dedicamos funcionó, pero si la jornada hubiera sido más corta, Aveiro habría sido la decisión correcta sin duda.
Tercera: añadiríamos Alcobaça al primer día, saliendo todavía más temprano. El monasterio está de camino entre Batalha y Coimbra y merece más que una mención.
Información práctica
Cuándo ir: Cualquier época del año funciona en el centro de Portugal. Agosto es caluroso en el interior pero las ciudades son manejables. Fátima tiene más afluencia en fechas señaladas del calendario católico, especialmente el 13 de mayo y el 13 de octubre.
Cómo moverse: El coche es imprescindible para esta ruta. Batalha, Buçaco y Pombal no tienen conexión directa útil en transporte público. Dentro de Coimbra se aparcar en la margen izquierda del Mondego y moverse a pie.
Con niños: La ruta es viable con niños que ya caminan. El día 2 en Coimbra es el más exigente: las cuestas hasta la universidad son largas y empedradas. Con carrito no la haríamos. Buçaco funciona bien con niños por el entorno natural y el espacio para moverse.
Dónde dormir: Coimbra como base para los tres días. El Hotel Oslo tiene la ubicación y las vistas. Hay opciones más nuevas en el centro, pero conviene priorizar aparcamiento propio o parking cercano para no perder tiempo en maniobras por el casco histórico.
Entradas y reservas: La Biblioteca Joanina está incluida en la entrada completa a la Universidad pero requiere hora asignada, conviene pedirla al llegar. El Palacio de la Bolsa en Oporto, solo con guía; reservad con antelación o id a las taquillas a primera hora.
Veredicto
Lo mejor: Buçaco. No estaba en ningún plan previo y acabó siendo la visita que más recordamos. Ese es el tipo de descubrimiento que solo ocurre cuando no tienes el itinerario demasiado cerrado.
Lo peor: haber llegado tarde al Palacio de la Bolsa. Una visita que queríamos hacer y que se quedó sin hacer por no haber mirado los horarios antes.
La idea histórica para recordar: Coimbra fue capital antes de que Lisboa existiera como tal, y la Universidad lleva más de setecientos años funcionando en el mismo edificio. Eso explica algo del carácter portugués que es difícil de ver en la costa.