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Oporto y alrededores: nuestra ruta por Aveiro, Guimarães y Braga

Este fue nuestro primer viaje al norte de Portugal, aunque en aquel momento nosotros lo veíamos simplemente como un viaje a Oporto, sin niños y con la sensación de estar descubriendo una parte del país que apenas conocíamos. Sin embargo, visto con perspectiva, terminó siendo mucho más que eso.

Durante tres días recorrimos Aveiro, Guimarães, Braga, Vila Nova de Gaia y la propia ciudad de Oporto. De hecho, solo tuvimos una jornada completa para visitar la ciudad, mientras que el resto del tiempo lo dedicamos a explorar algunos de los lugares más interesantes de la región.

Sin saberlo entonces, sería el primero de tres viajes a la región. Años después volveríamos en una escapada desde Coimbra y más tarde regresaríamos en familia. Precisamente por eso este diario tiene algo especial: es el relato del viaje en el que empezó nuestra relación con el norte de Portugal.

Lo que recordamos hoy de aquel viaje

Este viaje fue nuestra primera toma de contacto con el norte de Portugal. En aquel momento pensábamos en Oporto como el destino principal, pero con el tiempo hemos entendido que fue más bien un viaje por toda una región: Aveiro, Guimarães, Braga, Gaia y la propia ciudad de Oporto.

También fue el viaje en el que descubrimos algo que seguiríamos comprobando años después: lo que más nos gusta de Oporto no es un monumento concreto. Cuando pensamos en la ciudad recordamos antes un paseo por Ribeira, las vistas desde Gaia o un atardecer en Foz do Douro que cualquier edificio en particular.

Si hoy organizáramos este mismo viaje, probablemente dedicaríamos más tiempo a Oporto y menos a intentar verlo todo deprisa. Si quieres saber qué aprendimos después de los tres viajes, lo contamos en Oporto después de tres viajes: lo que realmente merece la pena.

¿Haríamos hoy la misma ruta? Sí, aunque con algunos cambios. Mantendríamos Aveiro, Guimarães y Braga porque siguen pareciéndonos algunos de los mejores alrededores de Oporto, pero dedicaríamos más tiempo a la propia ciudad y repartiríamos mejor las visitas.

En este viaje íbamos con la idea de aprovechar cada hora y ver todo lo posible. Hoy seguimos disfrutando de esos viajes intensos, pero probablemente preferiríamos conocer menos lugares y dedicar más tiempo a cada uno de ellos.

La preparación del viaje

Como es habitual, hicimos todo el viaje con nuestro propio coche. La idea era utilizar Oporto como base para descubrir parte del norte de Portugal, por lo que necesitábamos un alojamiento bien comunicado tanto con la ciudad como con los alrededores.

Por eso elegimos un hotel en Vila Nova de Gaia, que realmente no pertenece a Oporto: el Cliphotel Gaia Porto, reservado a través de hoteles.com como casi siempre. Aunque mucha gente busca alojamiento directamente en Oporto, la experiencia nos demostró que Gaia era una muy buena elección: teníamos metro para llegar al centro y una salida rápida hacia lugares como Aveiro, Guimarães o Braga.

Visto con perspectiva, es una decisión que seguimos compartiendo hoy. De hecho, después de tres viajes seguimos pensando que Gaia es una de las mejores zonas donde alojarse cuando se viaja en coche.

Si haces una ruta similar desde España, conviene revisar también cómo funcionan los peajes electrónicos portugueses. Algunas autopistas utilizan pórticos automáticos sin barreras y requieren asociar previamente una tarjeta bancaria a la matrícula del vehículo.

Día 1. El viaje hasta Oporto. Visita a Aveiro

Tras entrar en Portugal y asociar nuestra matrícula en el Área de Servicio de Vilar Formoso, atravesamos el país hacia el oeste dejando atrás poblaciones como Guarda o Viseu, que bien merecen una visita, hasta llegar a la región de Aveiro, gravemente dañada por numerosos incendios producidos en el verano y cuyas consecuencias podíamos ver desde nuestro coche.

Antes de mediodía llegamos a Aveiro, conocida por muchos como «la Venecia portuguesa», aunque en realidad nada tiene que ver con la ciudad italiana salvo la existencia de algunos canales por donde circulan los moliceiros. De hecho, no nos gusta nada cuando la gente se refiere a lugares comparándolo con otro más conocido. Aparcamos en el mismo centro de la ciudad, en el Centro Comercial Aveiro Forum, y desde allí, tras la comida, comenzamos a conocerla.

Así visitamos sus canales, la Iglesia de Vera Cruz, la Iglesia da Misericordia y la Sé Catedral, además de sus bonitas calles.

Tras la visita cogimos el coche y nos dirigimos hasta el mar, donde se encuentra la Costa Nova, famosa por sus casas de rayas de colores, y la Playa de Barra. La pena fue la niebla que había en la zona, pero aun así pudimos admirar esta belleza de Portugal.

Aveiro - Edificio da Capitania

Después hicimos por fin los últimos kilómetros hasta nuestro hotel en Oporto, sin mucho tiempo para más, por lo que decidimos cenar por la zona y descansar para empezar a visitar la ciudad y sus alrededores al día siguiente.

Viéndolo con perspectiva, Aveiro fue una parada perfecta para romper el viaje desde España. No dedicaríamos solo unas horas si volviéramos hoy porque la ciudad tiene mucho más que ofrecer, pero para una primera toma de contacto fue una forma muy agradable de entrar en Portugal. De hecho, después de conocer mejor Portugal, creemos que Aveiro merece una jornada propia y no solo una parada de camino. Si este viaje nos enseñó a descubrir el norte del país, Aveiro fue la puerta de entrada.

Día 2. Guimarães y Braga. Primer paseo por Oporto

Tras nuestro primer desayuno en el hotel de Oporto, cogimos el coche y nos dirigimos hacia una de las ciudades más bonitas de Portugal. Es Patrimonio de la Humanidad y su casco antiguo es realmente espectacular. Se trata de Guimarães, una visita imprescindible.

Aparcamos en Largo República do Brasil, donde se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, y desde allí caminamos atravesando el casco antiguo camino del Castillo de Guimarães y el Palacio de los Duques de Bragança, los monumentos más destacados de la ciudad.

Tras visitarlos, volvimos al casco antiguo para recorrer sus calles y plazas y degustar una típica comida portuguesa en uno de sus numerosos restaurantes.

Si tuviéramos que elegir una sola ciudad de esta excursión, probablemente sería Guimarães. Su casco histórico fue una de las grandes sorpresas del viaje y sigue pareciéndonos uno de los conjuntos urbanos más bonitos de Portugal. De hecho, si hoy volviéramos a organizar esta ruta, seguiría siendo una parada obligatoria.

Después de comer emprendimos camino hacia Braga, muy cerca de Guimarães, cuyo principal monumento es el Santuario de Bom Jesus do Monte, muy visitado y con una espectacular escalinata que hay que subir para llegar hasta él.

También puedes llegar en coche hasta el propio santuario o subir en funicular, aunque aun así bajar o subir por las escaleras es casi obligado.

El centro de Braga tiene también muchos lugares de interés, pero aquel día apenas pudimos dedicarle unas horas. Llegamos con la sensación de que era una visita complementaria a Guimarães y nos marchamos demasiado deprisa para conocerla bien.

Braga - Bom Jesus do Monte

Con el tiempo hemos cambiado de opinión. Hoy seguimos pensando que Guimarães es la ciudad que más nos sorprendió, pero también creemos que Braga merecía mucha más atención de la que le dimos entonces. Si repitiésemos la excursión, repartiríamos el día de una forma mucho más equilibrada entre ambas.

La última parte de la tarde la reservamos para nuestro primer contacto con Oporto. Después de un día entre Guimarães y Braga, por fin llegaba el momento de conocer la ciudad que había dado nombre al viaje. Fuimos directamente hasta allí y, tras dejar el coche en un parking de la Avenida dos Aliados, visitamos esta zona.

Recorrimos las empinadas calles hasta Ribeira y fue allí donde empezamos a entender por qué tanta gente habla de Oporto con un cariño especial, con esas vistas sobre el río Duero y el puente Don Luis I. Tras la cena, volvimos hasta el coche y fuimos hasta el hotel para descansar tras un largo día y dedicar el siguiente por completo a la ciudad.

Día 3. Recorriendo Oporto

Era nuestro último día completo en Oporto y, después de recorrer Aveiro, Guimarães y Braga, llegaba el momento de dedicar una jornada entera a la ciudad. Hasta entonces habíamos tenido pequeños contactos con ella, pero ese día era cuando realmente íbamos a descubrir si Oporto estaba a la altura de las expectativas que nos habían traído hasta el norte de Portugal. Tras el desayuno cogimos el metro en la puerta del hotel y nos fuimos hasta el centro, pasando por encima del puente Don Luis I y bajándonos en la Estación de São Bento, que entonces nos impresionó por sus azulejos y que hoy seguimos considerando una de las visitas imprescindibles de la ciudad, incluso para quien no tenga intención de coger un tren.

Desde allí tocaba caminar, y recorrimos la zona del Mercado do Bolhão y la Rua de Santa Catarina, donde está el Café Majestic, para continuar hacia la Torre de los Clérigos y visitar también su iglesia. Muy cerca está un lugar mágico como la Librería Lello Irmão, que en aquel momento nos pareció de obligada visita, aunque hubiera que hacer cola y pagar una entrada que se descuenta si compras un libro.

Por entonces nos pareció una visita obligatoria. Después de volver varias veces a Oporto, nuestra opinión es más matizada: sigue siendo bonita, pero con el tiempo hemos aprendido que Oporto se disfruta más caminando por sus calles o asomándose a sus miradores que esperando en una cola.

Desde allí bajamos nuevamente hasta Ribeira, dejando atrás el Palacio de la Bolsa y la impresionante Iglesia de San Francisco — nos hubiera gustado entrar, pero el tiempo no llegaba para todo. No sería la última vez que nos pasaría: en la escapada que hicimos después desde Coimbra volvimos a quedarnos sin ver su interior, esta vez por llegar tarde.

Comimos en un restaurante típico y, después, caminamos por la orilla del Duero para cruzar el puente Don Luis I por su paso inferior y conocer Vila Nova de Gaia, donde están las principales bodegas productoras de vino de Oporto.

Lo que aprendimos después sobre Gaia. Pensábamos que lo importante eran las bodegas. Con el tiempo hemos descubierto que lo que más recordamos de Vila Nova de Gaia son las vistas sobre Ribeira y la forma en que ayudan a comprender la ciudad. De hecho, hoy nos cuesta imaginar Oporto sin cruzar al menos una vez a la otra orilla del Duero.

Desde allí cogimos el teleférico que sube a la parte superior del puente, que cruzamos esta vez por arriba, para terminar nuestro paseo en la Catedral de Oporto, uno de los monumentos más bonitos de la ciudad. Ahí acababa este recorrido, antes de volver a descansar al hotel, aunque nuestro viaje todavía no había terminado.

Tras un pequeño descanso decidimos coger el coche y acercarnos a Foz do Douro, donde están las playas de la ciudad y donde desemboca el río. Allí contemplamos cómo se ponía el sol sobre el Atlántico antes de volver al centro siguiendo el curso del río y cenar junto a él, en el barrio de Ribeira.

Aquel atardecer en Foz do Douro fue una de las sorpresas del viaje. De hecho, con el paso de los años se ha convertido en una de las zonas de Oporto que más recomendamos.

Un último paseo por las fue el colofón de este corto, pero intenso, viaje a una de las zonas más bonitas de la Península Ibérica, antes de volver al día siguiente a casa.

Otros lugares que hemos conocido cerca de Oporto

Aveiro, Guimarães y Braga no son los únicos alrededores que merecen la pena. En viajes posteriores también hemos conocido lugares como Viana do Castelo, con su santuario de Santa Luzia y su casco histórico junto al Atlántico; Matosinhos, con su gran playa urbana y su puerto pesquero; o Espinho, con sus playas más tranquilas al sur de la ciudad. Cada uno tiene una personalidad completamente distinta a la de Oporto y a la del resto de esta ruta. Los contamos en nuestro diario de los Arribes del Duero hasta Oporto.

Si tuviéramos que destacar uno, probablemente sería el Valle del Duero, con localidades como Peso da Régua, Pinhão o Lamego y algunos de los paisajes más espectaculares del norte de Portugal — una experiencia completamente distinta a la costa atlántica y a las ciudades históricas que aparecen en este diario.

Un lugar que todavía tenemos pendiente

Nos hemos quedado con ganas de Amarante, junto al río Tâmega, con su puente de São Gonçalo y su iglesia-convento del mismo nombre asomándose al agua. Es una de esas ciudades que aparecen una y otra vez cuando planeamos rutas por el norte de Portugal y que, por unas cosas u otras, siempre acaba quedándose fuera del itinerario. Está anotada para una próxima visita a la región.

Lo que más nos sorprendió de aquel primer viaje

Vistos varios años después, hay cuatro momentos que siguen presentes:

  • Guimarães, por encima de lo que esperábamos de una simple excursión de un día.
  • Las vistas desde Gaia, más que cualquier bodega concreta.
  • Aquel atardecer en Foz do Douro, casi por casualidad.
  • El ambiente de Ribeira, que resultó ser lo que de verdad define a Oporto para nosotros.

Qué repetiríamos y qué cambiaríamos hoy

Lo que repetiríamos sin dudar:

  • Dormir en Gaia.
  • Mantener Guimarães en la ruta.
  • Terminar el día en Ribeira.

Lo que haríamos distinto:

  • Dedicaríamos tres días a Oporto en vez de uno.
  • Exploraríamos mejor los Jardines del Palacio de Cristal, que entonces apenas pisamos.

Este fue el primero de tres viajes a Oporto. Lo que entonces parecía una escapada más por Portugal terminó convirtiéndose en el inicio de una relación bastante larga con el norte del país. Diez años después seguimos encontrando nuevos lugares que visitar y viejos rincones a los que merece la pena volver.

Y eso, probablemente, es lo que mejor resume este viaje: no fue el que más tiempo pasamos en Oporto, pero sí el que nos dio motivos para regresar.


Si quieres ver cómo repartiríamos el tiempo con más días, tenemos un itinerario de Oporto en 2, 3 o 4 días; y si solo tienes una jornada como la nuestra, aquí contamos cómo la organizaríamos hoy.

Lugares que Visitar