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Ruta por las Alpujarras desde Granada: Soportújar, Capileira, Pampaneira y Lanjarón

Salimos de Granada antes de las nueve de la mañana con una idea clara: llegar a Soportújar antes de que llegaran los autobuses. Lo habíamos leído en algún sitio y resultó ser el consejo más útil del día.

A las diez de la mañana el pueblo ya tenía más tiendas de souvenirs abiertas que vecinos en la calle, el aparcamiento estaba casi lleno y el ruido de los grupos organizados empezaba a subir por las callejuelas. Nos quedamos el tiempo justo y seguimos carretera arriba.

A partir de ahí la ruta fue otra cosa.

En pocas palabras: ruta por las Alpujarras desde Granada

  • Punto de partida: Granada (a unos 45 km de Lanjarón, la primera parada)
  • Distancia total: aproximadamente 130 km de recorrido completo, ida y vuelta desde Granada
  • Duración: 1 día completo — salida temprana imprescindible
  • Carretera: nacional hasta Lanjarón, luego A-4132, una carretera de montaña con curvas cerradas y tramos estrechos que un turismo estándar hace sin problema pero que pide atención y paciencia
  • Paradas: Lanjarón, Soportújar, Capileira, Bubión (solo vista desde la carretera), Pampaneira
  • Ritmo: Moderado — Las curvas piden atención, pero una vez aparcados se viaja sin mirar el reloj
  • Evitar masificación: Salid antes de las 9. Soportújar se llena rápido y tiene poco aparcamiento; si llegáis tarde, o aparecéis a 500 metros del pueblo o directamente lo saltáis. Los fines de semana de primavera y otoño son los peores. Entre semana en temporada media es otra experiencia
  • Respeto al lugar: Estos son pueblos donde vive gente. Las calles estrechas no son decorado: son la calle de alguien. No fotografiéis interiores de casas ni entréis donde no está claro que se puede

Por qué estas montañas tienen esta forma

Las Alpujarras no son un accidente geográfico. Son el resultado de lo que ocurre cuando empujas a un pueblo entero a la montaña y le dices que se las arregle.

Cuando los Reyes Católicos tomaron Granada en 1492, los musulmanes que no quisieron o no pudieron marcharse fueron empujados, durante décadas, hacia la ladera sur de Sierra Nevada. Los moriscos —ya oficialmente convertidos al cristianismo, pero con su lengua y su memoria intactas— encontraron aquí un lugar donde el Estado llegaba poco y la supervivencia exigía ingenio. Construyeron acequias, levantaron casas con tejados de launa —una pizarra local que impermeabiliza sin teja— y organizaron pueblos diseñados para durar sin llamar la atención.

En 1568 se rebelaron (Rebelón de las Alpujarras), perdieron, y fueron deportados al interior de Castilla —una guerra de tres años que acabó con la población morisca dispersada por toda Castilla y con los pueblos vacíos, un episodio que National Geographic Historia explica con detalle si queréis el fondo completo antes de llegar. La Corona repobló los pueblos vacíos con familias de otras partes de España, que conservaron la arquitectura y el riego morisco porque funcionaban, aunque no entendieran del todo por qué.

Eso explica el marco. Lo que ese marco significa en cada pueblo lo fuimos viendo sobre el terreno.

Nuestro recorrido por las Alpujarras pueblo a pueblo

Lanjarón — el que dejamos para el final (y acertamos)

Lanjarón está en la entrada de las Alpujarras, a unos 45 minutos de Granada por la A-44. Es el pueblo más conocido de la zona —en parte por el agua embotellada, en parte por el balneario— y también el más accesible. Por eso decidimos pasarlo de largo a la ida y dejarlo para la vuelta, cuando ya íbamos cansados y no necesitábamos más subida.

El balneario tiene historia: fue durante siglos un destino de curas termales para quien podía permitírselo, y el edificio principal todavía tiene ese aire de sanatorio ilustrado que lo hace diferente al resto de la ruta. El castillo árabe que asoma sobre el barranco vale la pena si os queda energía; si no, la calle principal con sus tiendas de jamón y productos locales es un cierre tranquilo antes de coger la autovía de vuelta.

Aparcamiento sin problema en las afueras del casco urbano.

Soportújar — llegar pronto o no llegar

Desde Lanjarón hacia Capileira hay un desvío que baja hacia Soportújar. El pueblo tiene fama por dos cosas: las vistas y la brujería. Las dos tienen más fondo del que parece.

Lo de las brujas no es marketing reciente. Cuando la Corona deportó a los moriscos en 1571 y repobló los pueblos vacíos, a Soportújar llegaron familias gallegas que traían sus propias leyendas de meigas y rituales paganos. En una comarca que la Inquisición vigilaba de cerca, esos nuevos vecinos con sus costumbres raras fueron vistos con recelo, y la etiqueta de «pueblo de brujos» se quedó. Lo que hoy se ve en las calles —la escultura de Baba Yagá que recibe al visitante en la entrada, la fuente del Dragón, los símbolos pintados en fachadas, el mirador del Aquelarre— es la versión turística de esa historia, amplificada con los años. Tiene más sustancia de lo que aparenta, aunque las tiendas de amuletos diluyan bastante el relato.

Las vistas, en cambio, no necesitan contexto. Desde el mirador que hay nada más entrar al pueblo se ve el barranco de Poqueira con Sierra Nevada al fondo, con los tres pueblos colgados en la ladera —Pampaneira abajo, Bubión en el medio, Capileira arriba— como si alguien los hubiera puesto ahí para que quedara bien en la foto. Es la panorámica más clara que tuvimos en todo el día de cómo se organiza este territorio en vertical.

El problema es que Soportújar tiene muy poco aparcamiento. El más cercano al pueblo es el parking Hansel y Gretel: sin asfaltar, estrecho y 5€. Hay opciones gratuitas pero más alejadas. Las calles son estrechas y en cuanto llegan los primeros grupos el pueblo se convierte en un embotellamiento con tiendas de recuerdos. Nosotros llegamos antes de las diez, encontramos sitio sin problema y tuvimos el mirador casi para nosotros. A las once, cuando salíamos, ya era otra cosa. Si tenéis que elegir entre madrugar o saltaros Soportújar, merece la pena madrugar.

Tiempo en el pueblo: 45 minutos si llegáis pronto y no entráis a las tiendas. Para los niños, paradójicamente, Soportújar fue la parada que más les gustó: la ruta de las brujas, los símbolos en las paredes, las tiendas con sus cacharros raros. La masificación que a nosotros nos molestó a ellos les pareció animación.

Capileira — donde todo encaja

Desde Soportújar hay que volver a la A-4132 y subir. La carretera sube con curvas continuas que en los tramos más estrechos obligan a reducir velocidad y a pegarse al arcén cuando baja alguien de frente. El asfalto está en buen estado y no hay ningún tramo complicado, pero no es carretera para ir mirando el paisaje con las manos sueltas. Lo que sí hay son vistas que se abren hacia los neveros de la cumbre cada vez que la carretera dobla una curva y deja de tapar el horizonte. En varios tramos la carretera atraviesa barrancos con Sierra Nevada encima y los tres pueblos del Poqueira distribuidos en la ladera: si paráis en cualquier ensanchamiento tenéis una panorámica que explica en dos segundos por qué esta zona existe.

Capileira es el pueblo más alto de los tres y, para nosotros, el que hace que la ruta tenga sentido. No es el más visitado ni el más conocido, pero es donde mejor se entiende lo que los moriscos construyeron aquí: la acequia que corre por el borde de las calles, los aljibes, las casas escalonadas para que el tejado de una no tape la puerta de la siguiente, los tejados planos de launa que todavía impermeabilizan sin teja —la web de turismo de Pampaneira tiene una descripción técnica de cómo se construyen los terraos si queréis entender bien lo que estáis mirando. No hay monumentos en el sentido clásico. Hay un sistema que lleva siglos funcionando y que se puede seguir con los ojos si se sabe qué se está mirando.

Se nota además que todavía vive gente además de turistas. Eso, en esta ruta, no es un detalle menor.

El aparcamiento es gratuito, pero no esperéis encontrarlo vacío: nos costó dar con sitio a pesar de ir temprano. Vale la pena dar una vuelta antes de resignarse a dejar el coche lejos. Una vez dentro nos dejamos llevar por las calles sin un orden concreto, que es como se recorre Capileira bien: siguiendo la acequia, subiendo donde sube, parando donde algo llama la atención. Terminamos en un bar de la plaza. Los niños aguantaron bien, aunque a estas alturas del día ya empezaban a acusar el ritmo.

Tiempo: una hora y media con parada en bar.

Bubión — la parada que decidimos no hacer

Entre Capileira y Pampaneira está Bubión. Nosotros lo vimos desde la carretera y decidimos conscientemente no bajar: ya llevábamos dos pueblos, los niños empezaban a cansarse y queríamos llegar a Pampaneira con margen. No nos arrepentimos. Bubión tiene miradores colgados sobre el vacío del barranco de Poqueira —con Pampaneira al fondo y la sierra cerrando el horizonte— y una escala más íntima que los otros dos, pero en una ruta de un día algo tiene que quedar fuera, y este fue nuestro candidato.

Si el objetivo es ver los tres pueblos del Poqueira con calma, conviene reservar la mañana completa para ellos y no intentar meter también Soportújar y Lanjarón en el mismo día.

Pampaneira — el más vivo

Pampaneira es el pueblo más bajo de los tres y probablemente el que más visitas recibe. Se nota en que tiene más bares, más tiendas de productos locales y más gente en la calle, pero a diferencia de Soportújar la escala del pueblo absorbe mejor el flujo de visitantes.

La plaza central, con su iglesia del siglo XVI y los soportales, tiene ese tipo de equilibrio entre lo que se conserva y lo que se usa que hace que un sitio no parezca museo. Hay tiendas de jamón de Trevélez —el pueblo curado en altura que nosotros no llegamos a visitar— y artesanía local, especialmente las telas de colores que son uno de los signos reconocibles de las Alpujarras. Si queréis comprar algo que tenga sentido comprar aquí, los productos locales reales —jamón, queso, hierbas— son la opción con lógica.

Aparcamos sin problema en la zona habilitada a la entrada. Tiempo en el pueblo: una hora con calma.

Qué habríamos visto con más tiempo

Trevélez era la parada que dejamos fuera conscientemente. Está a unos 20 kilómetros más al este, a más de 1.400 metros de altitud, y es el pueblo más alto de España con más de mil habitantes. El jamón que lleva su nombre se cura ahí por las condiciones específicas de temperatura y humedad de esa altitud, y el pueblo tiene un carácter diferente al de los del Poqueira —más funcional, menos cosmético. Para una ruta de dos días tiene mucho sentido como parada central con noche incluida.

Órgiva la dejamos fuera porque ya llegábamos con el depósito de pueblos lleno. Es la capital comarcal de las Alpujarras occidentales y tiene un mercado los jueves que atrae a parte de la comunidad alternativa que se instaló en la zona desde los años ochenta —un capítulo de la historia reciente de las Alpujarras que también merece atención si os interesa entender qué pasa en este territorio hoy.

Información práctica para hacer la ruta

Cuándo ir: La primavera y el otoño son las mejores temporadas, pero también las más concurridas los fines de semana o puentes (como en el que fuimos nosotros). Entre semana en abril o en octubre es probablemente la combinación ideal. En agosto el calor en los pueblos más bajos es notable y las carreteras se llenan de coches. En invierno la ruta es posible pero algunos tramos de la carretera alta pueden cortarse por nieve; conviene consultar el estado antes de salir.

Cómo moverse: El coche es imprescindible para esta ruta. Hay autobús desde Granada hasta algunos pueblos pero los horarios no permiten hacer la ruta como recorrido y la frecuencia es baja. Lo que el coche permite aquí es parar en los miradores de la carretera, llegar antes que los grupos organizados y salir cuando queráis sin depender de horarios. Si preferís ir sin pensar en la logística, hay excursiones organizadas desde Granada que incluyen los tres pueblos del Poqueira con guía y transporte incluido, aunque con esa opción perdéis la flexibilidad de horario que es precisamente lo que permite llegar antes que nadie.

Dónde dormir: Si hacéis la ruta en dos días, Capileira o Pampaneira son las mejores opciones para pasar la noche. Hay casas rurales en ambos pueblos con vistas al barranco. Reservad con antelación en temporada alta porque la oferta es limitada y se llena.

Veredicto de la ruta por las Alpujarras

Lo mejor: la sensación en Capileira de que estás en un pueblo que lleva siglos funcionando con la misma lógica, y que esa lógica todavía se ve en las calles.

Lo peor: Soportújar pasadas las diez de la mañana. No es culpa del pueblo sino del volumen de visitas que no tiene infraestructura para absorber.

La idea para recordar: las Alpujarras son atractivas exactamente por las razones por las que fueron construidas para pasar desapercibidas. Los tejados planos, las terrazas, el agua que corre por las calles: todo eso es la huella de gente a la que empujaron a un sitio remoto y que convirtió ese sitio remoto en algo que hoy queremos visitar. Hay cierta ironía en eso. Y también algo que vale la pena llevarse puesto cuando se baja de vuelta a Granada.

Lugares que Visitar