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Cataratas del Niágara – Qué ver, qué hacer y cómo Llegar

Llegamos por la tarde, después de volar desde Baltimore a Buffalo y cruzar la frontera canadiense en coche por el Rainbow Bridge. El puente conecta las dos orillas del río Niágara y la frontera está en el centro, sobre el agua. El paso fue sin complicaciones, aunque la cola de coches tardó más de lo que esperábamos: calculad al menos una hora si cruzáis en temporada alta.

Llevábamos años viendo imágenes de las cataratas del Niágara y creíamos saber lo que íbamos a encontrar. No sabíamos nada.

Hay cascadas que se entienden en fotografía. Estas no. El problema no es la anchura ni la altura: es el volumen de agua, el ruido, la vibración que se siente en el suelo antes de verlas. Hasta que no estás delante no comprendes que no estás mirando una cascada sino un río entero cayendo de golpe.

En pocas palabras

  • Punto de partida: Aeropuerto de Buffalo, cruzando la frontera canadiense en coche por el Rainbow Bridge
  • Duración: Una tarde y una mañana, antes de continuar a Toronto
  • Base: Lado canadiense, ciudad de Niagara Falls (Ontario)
  • Carretera: Buffalo a la frontera son unos 30 km. El paso fronterizo puede tener cola; calculad tiempo de sobra
  • Paradas: Cataratas del Niágara (Parque Queen Victoria), Niagara-on-the-Lake, viñedos de la región, Reloj Floral
  • Ritmo: Tranquilo — las cataratas no requieren más de una mañana, lo que deja tiempo para el camino hacia Toronto
  • Por qué el lado canadiense: Desde el lado americano se ven las cataratas canadienses de perfil. Desde el lado canadiense se ven las dos de frente. No hay comparación posible

Qué ver en las Cataratas del Niágara: por qué estas son diferentes

El Niágara no es la cascada más alta del mundo ni la más caudalosa en sentido estricto. Lo que la convierte en algo aparte es la combinación de anchura y caudal: las Cataratas Herradura —las canadienses, las grandes— tienen 671 metros de frente y 53 de altura, y por ellas pasa el 90% del agua del río. El resultado es una cortina de agua de una escala que el cerebro tarda en procesar porque no tiene referencias previas con qué comparar.

El río Niágara conecta el lago Erie con el lago Ontario y marca la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Las cataratas americanas, más rectas y algo más pequeñas —250 metros de anchura y 57 de altura—, quedan a la derecha mirando desde el lado canadiense. Junto a ellas están las Cataratas Velo de Novia, de solo 17 metros de anchura, casi una anécdota al lado de la Herradura.

La tarde de llegada: primeras vistas con lluvia

Dejamos el equipaje en el Hilton Niagara Falls y bajamos enseguida a ver las cataratas. Llovía, pero eso no fue un argumento para quedarse en el hotel: la neblina que generan las cataratas al caer empapa igual que la lluvia, y la distancia entre el hotel y el Parque Queen Victoria se recorre en pocos minutos a pie.

El Parque Queen Victoria es el mirador principal del lado canadiense y donde conviene ir primero. Desde la barandilla, la Herradura está tan cerca que se puede ver el color verde oscuro del agua justo antes de que se rompa en blanco. Esa franja verde, que dura apenas un segundo antes de la caída, es uno de los detalles que no se ven en las fotografías y que en directo resulta difícil de explicar.

Esa tarde fue suficiente para entender la escala. La mañana siguiente fue para quedarse.

Cataratas del Niágara canadienses

Hay algo que conviene saber antes de llegar: la ciudad de Niagara Falls (Ontario) tiene una dualidad que no sale en las fotografías. Las cataratas son exactamente lo que prometen. La ciudad que las rodea es otra cosa: casinos, hoteles de neón, atracciones de feria y restaurantes de cadena apilados a metros del agua. El contraste es tan brusco que al principio cuesta creer que ambas cosas coexistan en el mismo espacio. Las cataratas ganan siempre, pero el entorno pide un ajuste de expectativas.

La noche tiene mucho donde elegir en cuanto a restaurantes, pero los precios son altos. Es una zona que vive del turismo de paso y se nota en la carta y en la cuenta. No es el sitio donde buscar una cena memorable; es el sitio donde cenar cerca de las cataratas y conformarse con eso.

La mañana: qué hacer en las Cataratas del Niágara con tiempo

Con sol, las cataratas son otro sitio. El agua blanca contra el cielo azul, el arco iris permanente que se forma en la neblina, la posibilidad de acercarse al borde del mirador sin que la lluvia lo complique. Volvimos al Parque Queen Victoria y tardamos en marcharnos. El mejor punto, en nuestra opinión, es el que está justo en la curva de la Herradura, donde el agua pasa tan cerca que la barrera parece un detalle menor.

Lo que no hicimos y que añadiríamos si volviéramos

El Maid of the Mist es el barco que te lleva hasta el pie de las cataratas canadienses. Te dan un chubasquero desechable, aunque mojarse es inevitable. Opera desde mayo hasta noviembre y en temporada alta conviene reservar con antelación en su web oficial porque las plazas se agotan. Es la experiencia más próxima a las cataratas que se puede tener sin meterse dentro.

La Cave of the Winds está en el lado americano y se accede en ascensor hasta una pasarela de madera que llega hasta el pie de las Cataratas Velo de Novia. Aquí también mojan, y también dan chubasquero. Es la opción más física y más cercana de las dos.

El Spanish Aerocar es un teleférico que cruza las Cataratas en Herradura por encima, dando unas vistas desde el aire que no se consiguen desde tierra. No baja hasta el agua sino que cruza por encima, lo que lo hace más tranquilo que el Maid of the Mist pero igualmente espectacular.

Para quien quiera ver las cataratas desde el aire, hay vuelos en helicóptero que despegan desde el lado canadiense y sobrevuelan las tres cataratas. Duran entre doce y quince minutos y el precio es elevado, pero las imágenes desde arriba son las que mejor transmiten la escala real del conjunto.

Cataratas del Niagara - Maid of the Mist

La Torre Skylon, en el lado canadiense, tiene mirador a 160 metros de altura con vistas a las tres cataratas y, en días despejados, hasta Toronto. Tiene también un restaurante giratorio en la cima que es la opción más cara de la zona pero probablemente la más memorable si se busca una cena con vistas.

De Niágara a Toronto: Niagara-on-the-Lake y los viñedos

Salimos de las cataratas después de comer y tomamos la carretera que sigue el curso del río Niágara hacia el norte en lugar de coger directamente la autopista a Toronto. La diferencia en tiempo es de menos de media hora y lo que se ve por el camino lo justifica.

La región entre las cataratas y el lago Ontario es una de las zonas vinícolas más importantes de Canadá. Los viñedos se extienden a ambos lados de la carretera durante kilómetros y algunos se pueden visitar con cata incluida. Nosotros no paramos porque íbamos con el tiempo justo, pero es una opción que tiene sentido si se sale pronto de las cataratas.

El Reloj Floral está en la carretera, junto a la central eléctrica de Sir Adam Beck. Es un reloj construido en 1950 con más de 16.000 plantas que se replanta cada temporada. No es un sitio donde quedarse más de diez minutos, pero está en el camino y es el tipo de detalle absurdo que se recuerda mejor que muchas cosas más importantes.

Niagara on the Lake - Reloj floral

Niagara-on-the-Lake está al final del recorrido, donde el río desemboca en el lago Ontario. El pueblo tiene arquitectura victoriana, calles arboladas y fue la primera capital de Ontario. El Fort George, construido por tropas británicas, se puede visitar entre abril y noviembre y conserva la estructura y decoración de la época. La calle principal, Queen Street, tiene tiendas, restaurantes y teatros —entre abril y noviembre acoge el Festival Shaw, uno de los festivales de teatro más importantes de Norteamérica—. Recorrimos el paseo junto al lago y la calle principal antes de coger la autopista hacia Toronto.

Niagara on the Lake

El pueblo merece más tiempo del que le dedicamos. Si se tiene base en las cataratas dos noches en lugar de una, Niagara-on-the-Lake puede ser una tarde tranquila sin prisas.

Información práctica: cómo llegar a las Cataratas del Niágara desde Buffalo

Cómo llegar. El aeropuerto más cercano es el de Buffalo, en el lado americano. Desde allí hay que alquilar coche y cruzar la frontera canadiense por el Rainbow Bridge, a unos 30 km. El paso fronterizo puede tener cola en temporada alta; calculad al menos una hora extra. También puedes ir desde Toronto pero está más lejos.

Documentación para cruzar la frontera. Pasaporte obligatorio. Si alquiláis el coche en Estados Unidos, comprobad antes con la empresa de alquiler que el contrato permite cruzar a Canadá: no todas lo permiten por defecto y algunas cobran un suplemento.

Cataratas del Niágara: lado canadiense o americano. Sin duda el canadiense para alojarse y para ver las cataratas. Las vistas desde el lado americano son laterales; desde el canadiense son frontales.

Cuándo ir. Las cataratas funcionan todo el año, pero en invierno parte del caudal se congela y el acceso a algunos miradores se complica. La temporada alta es verano. La primavera y el otoño son el mejor equilibrio entre clima y afluencia.

Dónde dormir. El Hilton Niagara Falls tiene habitaciones con vistas directas a las cataratas. No es el hotel más barato de la zona, pero despertarse con las cataratas enfrente justifica el precio extra.

Restaurantes. Hay muchas opciones junto a las cataratas, pero los precios son elevado. Si queréis cenar bien, merece alejarse del paseo principal o reservar en el restaurante de la Torre Skylon si el presupuesto lo permite.

Veredicto: qué ver en Niágara y cuánto tiempo dedicarle

Las cataratas del Niágara son uno de los pocos sitios que superan las expectativas. Una tarde y una mañana dan para entenderlas bien, aunque nos fuimos con el Maid of the Mist y el Aerocar en la lista de pendientes.

Niagara-on-the-Lake es la sorpresa del recorrido: un pueblo que estaba en el plan y que resultó ser uno de los desvíos más agradables del viaje.

La idea para llevarse a casa: el río Niágara lleva erosionando la roca a un metro por año. Las cataratas que vemos hoy no están donde estaban hace diez mil años y no estarán donde están ahora dentro de otros diez mil. Lo que estás mirando no es un monumento fijo sino un proceso en marcha. Si las cataratas forman parte del Triángulo del Este, el artículo de introducción de la serie explica cómo organizar el circuito completo desde Nueva York.

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